Un artista excepcional // Por Hernán Carrera

Un artista excepcional // Por Hernán Carrera

El Premio Nacional de Arquitectura le ha sido concedido a Farruco Sesto, cabe suponer, por esa extraordinaria capacidad para hacer que un museo parezca y se vea y tenga tanta pinta de galpón, que no quede sino decir: señores, es un galpón

La arquitectura, decía Louise Isadore Kahn, “es sólo aquello que se ofrece al Santuario del Arte”. Y aunque el célebre arquitecto estonio-gringo, uno de los grandes continuadores de Le Corbusier, no tiene por qué ser guía para nadie, la verdad es que basta poner en Google-images dos palabras, “arte” y “arquitectura” para ver la belleza, el logro estético, derrocharse en volúmenes y edificaciones de pasmosa concepción. O basta también asomarse –siempre en Google-images, porque en vivo es muy Precio Máximo– a por ejemplo la Tortona, la zona industrial de Milán, Italia, donde cada galpón parece, por su buen ver, por la obra y la gracia de algún quizá desconocido arquitecto, un museo.

Pero, claro, se sabe que el arte consiste también en ruptura, en negación, en llevar la contraria, y entonces supone uno que el Premio Nacional de Arquitectura le ha sido concedido este miércoles 18 a Farruco Sesto por esa extraordinaria capacidad para hacer que un museo –el de Arquitectura, nada menos– parezca y se vea y tenga tanta pinta de galpón, que no quede sino decir: “esto, señores, es un galpón”.

Francisco de Asís Sesto Novas, Farruco, es un artista excepcional. Siendo ministro de la Cultura, tuvo una y otra vez el fino arte de hacer que ese ministerio, el del Poder Popular para la Cultura, invirtiera equipos y dineros y recursos y personal de alto vuelo en la edición y difusión y construcción de obras de ese artista excepcional que es Francisco de Asís Sesto Novas, Farruco.

Así, melómanos del mundo entero persiguen ansiosamente por todo el orbe alguno de los tres mil ejemplares de la lujosa y limited edition de Anda suelto el animal –tres discos, un dvd, un libro–, en la que el país, o siquiera el Ministerio, conjuntó los mejores músicos, los mejores arreglistas, los mejores productores, los mejores estudios de grabación, para hacer mejor brillar la inmejorable brillante voz de Farruco. Y poetas, literatos, estudiosos y lectores de los cinco continentes leen y devoran y se devocionan con los poemas de Farruco, con la novela de Farruco, con la obra literaria de Farruco, publicada por los organismos que con tanto tino dirigió. Y cinéfilos del infinito y más allá claman por el cese de la guerra económica que Cinex y Hollywood y hasta Cannes tan alevosamente mantienen contra La clase, esa joya de la cinematografía mundial –salida de la novela y bestseller de Farruco– que generosamente financió La Villa del Cine… cuando Farruco era ministro.

De manera que sí, pues: sólo la proverbial modestia, la absoluta ausencia de vanidad, la reconocida humildad de Francisco de Asís, pudo impedir que este Premio Nacional de Cultura – Mención Arquitectura se le otorgara en años anteriores. O más bien: todos los años anteriores.

Nadie sabe muy bien qué cosa ha diseñado o no diseñado nuestro grande y finalmente reconocido arquitecto, pero no importa. Por sus obras lo conoceréis, dicen las sagradas escrituras, y allí están, para muestra, dos de las grandes creaciones que sencillamente no existirían sin Farruco, a la vista de todos: el galpón-museo, en la avenida Bolívar, y el telescópico tubo-obelisco de la plaza El Venezolano.

Galpon Farruco

¿No es motivo de orgullo patrio? Piénsese: Frank Gehry, Richard Meier, Gaudí, Van der Rohe, Le Corbusier, Kahn, Frank Lloyd Wright, Norman Foster, Oscar Niemeyer, Alvar Aalto, Louis Sullivan, Tadao Ando, Josef Hoffmann, Filippo Brunelleschi, Jacques Herzog, Paul Andreu, Van de Velde, Stan Allen, César Pelli, Tom Wright, I.M. Pei, Zaha Hadid, Rafael Viñoly, Toyo Ito, Steven Holl, Ben Van Berkel, Kennet Frampton… y Farruco Sesto, señores.

Fuente: Contrapunto.com

Fotos: Rafael Briceño

¿Que opina sobre esta información?