Arquitectura para los oídos

Arquitectura para los oídos

Arquitectura / La gran «complejidad» residía en las soluciones acústicas.  Cómo aislar el ruido interno y externo condicionaba el diseño, la elección de materiales, las resoluciones técnicas… De momento, a la espera de comprobar si los instrumentos conviven en armonía, una visita al esqueleto del edificio permite comprobar que está desconectado del sonido de la calle. Y eso que en el exterior hay mucha, demasiada, contaminación acústica. La futura sede del Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene, se encuentra en pleno campus de Ibaeta de la UPV-EHU, con miles de alumnos pululando a su alrededor, y abrazando a una rotonda que soporta un intenso tráfico diario.

El progenitor del edificio, el estudio GAZ Arquitectos, mostró ayer su creación, aún sin equipar, que ha necesitado nueve años de gestación, el tiempo que ha pasado desde que esta firma con sede en Bilbao ganó el concurso público (2007) hasta su entrega al Gobierno vasco, este diciembre.

La especificidad de usos ha obligado a unas características técnicas y soluciones acústicas «muy importantes». Hacia el exterior y el interior. De puertas para adentro había que evitar el «puente acústico» entre las 39 cabinas de ensayo individuales, 55 aulas instrumentales y diez salas de teoría habilitadas con características instrumentales. Cada sala es «una burbuja acústica independiente». Cada aula «flota sobre el edificio exterior». Son, en resumen, «edificios dentro de un edificio», según exponen los arquitectos Aitor Gurtubay, Asier Atxurra y Unai Zelaieta.

Todo en sus 13.096 metros cuadrados está muy cuidado. No hay puertas enfrentadas -chocan contra las paredes- para evitar la transmisión del ruido. La renovación del aire es constante en las aulas para evitar la molestia sonora que se deriva de la apertura de las ventanas y no hay radiadores por ser un elemento de transmisión acústica. «Es fundamental el confort acústico», explican los arquitectos en la visita guiada a los medios

El edificio, que cuenta con sótano, planta baja y cuatro plantas superiores, ha exigido un coste de 20,79 millones de euros y su construcción se ha prolongado 38 meses, desde octubre de 2012 hasta diciembre de 2015.

GAZ Arquitectos ha tenido que exprimir «al máximo» el espacio disponible. La parcela -el último solar del plan parcial de Ibaeta- era la que era, los metros cuadrados de suelo estaban definidos urbanísticamente, de modo que la única alternativa para ganar espacio era «extenderse hacia el cielo» lo máximo posible. «La forma del edificio surgió de la necesidad de ocupar hasta sus límites las alineaciones máximas de todas las fachadas cubiertas y plantas bajas», explican sus padres.

La «gran compartimentación» ha obligado a «estirar» la superficie de la fachada para «iluminar» todos los espacios del edificio. De esta necesidad nace la distinción formal del edificio: «tres grandes incisiones tallan la pieza compacta mediante unos cortes limpios y rectos, a modo de pantallas acústicas, mostrando el brillo del interior del edificio a la ciudad».

La fachada externa de esta «pieza escultórica» de formas geométricas es de aluminio lacado en negro de alto brillo y la interna de chapa dorada y brillante como un «guiño» al acabado que presentan muchos instrumentos musicales. Es un permanente contraste entre el negro y el dorado. Hay ventanas a la vista y otras ocultas a la mirada exterior tras unos paneles dorados que están perforados y dejan pasar una luz tamizada.

El auditorio, ubicado en la planta baja, en el vestíbulo principal, es la joya de la corona. Está revestido de paneles dorados. Con capacidad para 420 personas, sus 588 metros cuadrados están diseñados de forma «reconfigurable» para adaptarse a cualquier necesidad. Sus butacas pueden desaparecer -el graderío telescópico se pliega al fondo y el central se oculta bajo el escenario- para convertirse en una gran sala. Además, unas mamparas móviles permiten dividir el espacio en tres salas independientes -un aula para orquesta de 250 metros cuadrados y dos de ensayo de coro de 175-. «Su valor es su multifuncionalidad y versatilidad», resaltan los arquitectos.

Su escenario de grandes dimensiones ocupa una superficie «tan grande o mayor» que la propia platea para poder acoger a un centenar de personas de orquesta y a otro centenar de coro. El auditorio crece hasta la primera planta, donde se ubican la mediateca-biblioteca, que se extiende como un anillo alrededor del auditorio, y los despachos de administración. La segunda planta está destinada al profesorado, con despachos compartidos para docentes, mientras que la tercera y la cuarta albergan el espacio de docencia, con salas de ensayo perfectamente aisladas y de diferentes cortes -abuardilladas incluso-. «Con los mínimos recursos se han logrado los máximos resultados», celebran, orgullosos, sus padres.

Fuente: El Mundo – España

¿Que opina sobre esta información?