Falta de materia prima anula zona industrial de Boleíta

Falta de materia prima anula zona industrial de Boleíta

“Los que quedamos en la zona industrial de Boleíta Norte estamos sobreviviendo”. En el aire se respira el sentimiento de resignación de profesionales como Ricardo Ospina, un ingeniero que se mantiene al frente de un negocio de ruedas industriales.

Asegura que el área de rodamiento es un termómetro de la productividad de un país. “Muchos de los que eran nuestros clientes se han ido o cerrado sus empresas. Aquí vendíamos ruedas de todo tipo pero ahora casi la única línea que se mueve es la de los supermercados que nos compran ruedas para carritos y montacargas”, cuenta Ospina, quien tuvo que prescindir de 25 empleados y solo se quedó con la secretaria.

En la calle Santa Clara varios signos de inactividad están a la vista: santamarías cerradas, edificios con cuatro o cinco locales vacíos por piso, galpones que dejaron de ser empresas productivas para convertirse en depósitos y restaurantes como La Colmena, donde en 2001 los comensales hacían cola para comprar, ahora lucen desiertos.

Desde los callejones industriales y comercios reportan el principal problema que le ha robado más de 70% de la vida a la zona: la crisis económica y la inflación que prácticamente desapareció la materia prima de muchas empresas o pequeñas industrias.

Vito Franchini, ebanista, extraña el caos vehicular que se sentía casi a cualquier hora del día. “Ya no hay movimiento de carros y camiones. La textilería a la que le hacía algunos trabajos pasó de 160 empleados a 40, hasta que cerró hace dos años y sus dueños se fueron a Italia”.

Franchini recuerda el cierre de zapaterías como la Paco Ricardi, ha visto cómo ha mermado la producción de locales emblemáticos como Citadinos, que distribuye insumos para repostería y cómo desaparecieron locales donde trabajaban hasta 70 costureras.

En Boleíta Sur, el cierre de tres quioscos de comida en la calle Santa Ana es un reflejo de la crisis. Abundan calles y edificios fantasmas

Hay negocios que han cambiado de ramo, como un restaurante que mutó a venta de repuestos. En la calle Libel de Boleíta Norte una venta de víveres se transformó en un negocio de telas y luego en una mueblería y actualmente permanece cerrado. Hay dueños que han decidido alquilar su local o ponerlo en venta y que esperan respuesta durante meses.

Los que hacen vida en las zonas industriales de Boleíta Norte y Sur conviven con calles deterioradas, troneras, botes de agua, con el monte crecido y con la inseguridad, que también los ha obligado a reducir sus horarios de trabajo.

Elena Massaguer llegó a la zona en el año 75 y recuerda con nostalgia los tiempos en que su negocio de venta de cocinas abría de lunes a domingo, de 8 a.m. a 8 p.m. “En Navidad extendíamos el horario hasta la medianoche porque en esa época muchos regalaban cocinas. Ahora abrimos de lunes a viernes de 9 a 4 y las ventas ha mermado en más de 50%. En lo que va de año solo hemos vendido 10 equipos”, dice Massaguer y menciona dos negocios emblemáticos que desaparecieron: zapaterías Rex y la panadería La Croccante.

En Boleíta Sur, el cierre de tres quioscos de comida en la calle Santa Ana es un reflejo de la crisis. Abundan calles y edificios fantasmas. Richard Rondón, quien tiene una fábrica de muebles de acero inoxidable, se queja de la inseguridad y de los costos de la materia prima. “Antes, la gente venía a cambiar su cocina, ahora traen la vieja para que se la reparemos”.

Fuente: El Universal

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