Gerencia tercermundista // Por Victor Maldonado

Gerencia tercermundista // Por Victor Maldonado

Carlos Rangel, ese gran pensador venezolano, escribió en 1982 un libro excepcional que provocativamente llamó El Tercermundismo. Aludía, por supuesto, a la falsa, pero popular proposición de que “tanto el atraso de los países subdesarrollados como el adelanto de los países desarrollados son debidos a la explotación imperialista y al efecto enervante de la dependencia”.

Esta frase contiene todos los valores anticapitalistas que de muchas maneras siguen repitiendo “los insatisfechos, los frustrados, los desorientados, los desafortunados y los irracionales”.

El tercermundismo es una sinfonía atonal de incapacidad e irresponsabilidad. Para una cabeza tercermundista sus resultados son el producto de la obstaculización malévola de los demás y de la propia invalidez que, supuestamente, tiene justificaciones históricas. El tercermundismo se lucra de provocar su propia lástima.

A estas alturas cada lector tendrá su propia imagen de un gerente tercermundista. Pero abundemos en sus características más conspicuas:

1 Un gerente tercermundista rechaza la competencia y celebra la incompetencia. Prefiere por lo tanto los mercados cerrados, los subsidios y las ganancias que provocan las buenas relaciones con los gobiernos.

2 No acumula éxitos sino lástima. Invierte días completos en hacer antesala en las oficinas públicas para recibir su tajada en forma de cupo de divisas, licencias y adjudicaciones directas.

3 No mejora la capacidad de desempeño de sus empleados ni trata de mejorar sus remuneraciones. Para eso tiene a mano el manejo turbio de las relaciones con el funcionario corrompido y la excusa de que “todo conspira contra la mejor de mis intenciones”. El gerente tercermundista cree que pagar bien al empleado devela que no es cierta su invalidez empresarial.

4 No valora al cliente, prefiere maltratarlo porque su empresa no depende del que compra sus productos sino de la trama de subsidios y facilidades que recibe del gobierno.

5 No resuelve la escasez, pero está atento a la organización de las colas. Prefiere el ejercicio autoritario del suministro, que apostar y exigir más mercado. Aplaude y celebra cualquier mecanismo que imponga al cliente la penuria de una ración. Y, por supuesto, usa las explicaciones más rocambolescas para justificarlo: La explotación imperialista y la falta de solidaridad de los ricos.

6 Se mueve en los márgenes de la competencia desleal. Se aprovecha de los precios diferenciales. Intenta mejorar su renta por fijación de precios más altos. Y en esa misma medida es refractario al libre mercado. Por eso mismo no contribuye a generar masa crítica sectorial y tampoco el desarrollo del país.

7 No respeta los derechos de propiedad. Practica la piratería, copia licencias, hace fraude con las marcas de los demás. Creen que la viveza criolla es precisamente “salirse con la suya” sin considerar los costos provocados a los demás.

8 Un gerente tercermundista no interpreta la realidad mediante aproximaciones racionales. Acumula teorías paranoicas de la conspiración para explicar sus fracasos. Cree que el mundo está lleno de enemigos y contrarios que quieren su perdición y por lo tanto le resulta imposible ser mejor de lo que es.

9 No es transparente. Practica el secretismo y los dobles raseros. Lleva doble contabilidad e incluso doble vida. No paga impuestos y cada cierto tiempo cambia la razón social de la empresa para no dejar rastros.

10 Un gerente tercermundista siempre está disfrazado de progresista. Quisiera estar en la primera fila de las proclamas anticapitalistas. Repudia públicamente el “neoliberalismo” y quisiera ser líder de las nuevas empresas socialistas. Pero detrás de todas esas imposturas se esconde un formato autoritario y mutilador de los derechos y libertades de los demás.

11 No practica la innovación ni invierte en la reposición de activos. Cree que una empresa es una realidad estática a la que todos los demás se tienen que adaptar. No busca más conocimiento aplicado sino evitar que los demás tengan acceso a cualquier avance que lo ponga en peligro.

12 Un gerente tercermundista siempre quiere que los demás repartan con él lo que antes no han producido. Es hijo legítimo del populismo pero está sentado en las gradas de los que se benefician de la violación de los derechos de propiedad de los demás.

13 No resiste la prueba de la congruencia. No dicen lo que piensan. No hacen lo que dicen.

Carlos Rangel advirtió que los gerentes tercermundistas nunca van a salir del tercer mundo, un confín en el que se congregan “aquellos cuya falta de estima por sí mismos, y de fe en sí mismos, los condena a la consiguiente carencia de confianza en su capacidad de desempeño dentro de las relaciones capitalistas”. Son la esencia del fracaso pidiendo que les tengan lástima y les den otra oportunidad. Solo los gobiernos socialistas están disponibles para ese contubernio.

Fuente: El Mundo / Economía & Negocios

 

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