La casa más hermosa de Estados Unidos cumple 80 años

La casa más hermosa de Estados Unidos cumple 80 años

Escondida en los bosques del suroeste de Pensilvania en un diminuto enclave llamado Mill Run y encaramada sobre un fresco arroyo, se encuentra una de las obras maestras de la arquitectura contemporánea, la Casa de la Cascada (Fallingwater House) de Lloyd Wright. Hace 80 años, el gran arquitecto estadounidense del siglo pasado, responsable del Museo Guggenheim de Nueva York, pensó en el placer insospechado de remojar los pies en la corriente del río con solo descender unas escaleras. Y sentarse a escuchar los murmullos de la naturaleza.

En 1935, cuando contaba con 67 años, un ya prestigioso Lloyd Wright inició la construcción de lo que más tarde ha sido considerada como la casa “más hermosa” de EE.UU. en el siglo XX por la revistaTime, y el American Institute of Architects ha juzgado como “la mejor obra de la arquitectura estadounidense de la historia”. La leyenda dice que el arquitecto dibujó los planos en apenas dos horas. La realidad, como suele ser habitual, lo desmiente: parece ser que le llevó algo más de tiempo.

Los Kauffman, la familia de magnates de Pittsburgh que encargó la residencia de descanso, disfrutaron durante más de dos décadas de su imponente y, a la vez, discreta presencia, apenas a cien kilómetros de la gran ciudad, por aquel entonces corazón siderúrgico de EE.UU. Lilliane, la esposa, amanecía en los veranos con un estimulante baño en el río, al que se accede directamente desde el salón de la casa. Las fiestas que organizaba Edgar Sr., con las grandes terrazas voladizas sobe el arroyo como escenarios principales, no eran fáciles de olvidar.

Una de las grandes bendiciones de la Tierra
“Fallingwater es una de las grandes bendiciones que pueden ser disfrutadas aquí en la Tierra, y creo que nada hasta ahora ha igualado la coordinación, la sincera expresión del gran principio de reposo donde bosque y arroyo y piedra y todos los elementos de la estructura están combinados de manera tan calmada que realmente no escuchas ningún ruido en absoluto aunque la música del arroyo está allí”, dijo Frank Lloyd Wright en 1955.

El hijo de los Kauffman, Edgar Jr., profesor de historia de la arquitectura que trabajó en el estudio de Lloyd Wright, fue quien decidió tras la muerte de sus padres abrirla al público en 1963 para compartir “una belleza que sigue tan fresca como la naturaleza en la que se ubica”.

La casa es el puro reflejo de los principios de la arquitectura orgánica propugnados por Lloyd Wright: integrar en la edificación los factores ambientales del lugar, su uso y función, junto con los materiales nativos y el ser humano que la va a ocupar. “Quiero que viváis en la cascada, no que la miréis”, aseguró el arquitecto a un perplejo Kauffman, que había esperado un diseño “junto” y no “sobre” el arroyo.

A solo unas colinas de distancia, también puede apreciarse el talento del padre de la arquitectura moderna en otros trabajos menos ambiciosos.

Media hora en coche a través de las ondulantes carreteras de la Pensilvania rural y llegamos a otra creación magistral de Lloyd Wright, la Kentuck Knob. Diseñada como una pequeña casa de campo, deslumbra al visitante por su mezcla de funcionalidad, sencillez y comunión con el paisaje natural colindante. Desarrollada a partir de un modelo hexagonal, con el objetivo de dar fluidez a los residentes, solo cuenta con un ángulo recto (por obligación del fontanero, en la ducha del cuarto de baño).kentuck-knob-de-frank-lloyd-wright

Lloyd Wright nunca visitó la casa y, ya cerca de los 90 años, declinó la invitación de la familia Hagan, dueños de la empresa de helados del mismo nombre, para la inauguración asegurando que ya “la había visto en su cabeza”.

En cierto modo, son complementarias. La Kentuck Knob está pensada para la vida familiar a lo largo del año, con la planta orientada hacia el este; mientras que la Fallingwater, concebida como residencia vacacional y social, se orienta al oeste. La explicación del arquitecto fue simple: en verano, después de las fiestas, uno se despierta más tarde y no quiere al sol a primera hora arañando las últimas horas de sueño.

Fuente: El Confidencial

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