Opinión/ La gestión de una pasión

Opinión/ La gestión de una pasión

Por OSCAR D. ROJAS MORILLO (*).-

Oscar D Rojas MorilloSi hay algo que siempre me ha llamado la atención dentro de la gestión es el estilo con que se toma el timón, el momento cuando se logra hacer que los engranajes invisibles de las organizaciones comiencen a trasmitir movimiento a lo largo del árbol que los sustenta y de allí a toda la organización; o cómo a partir de una batuta imaginaria se armoniza tempos e intensidades en los instrumentos para hacer armonías; cuando la acción se convierte en cultura y esta en una manera de hacer las cosas. Siendo candidato a MBA en Madrid me quedó muy marcado eso y no hay reunión donde participe y no me detenga a observar cómo se manejan los mecanismos de gestión.

 

Un camino espinoso. Si yo le pregunto amable lector/a que piense y nombre una sector de consumo masivo, multimillonario y que genera ídolos y unmerchandise brutal ¿en qué piensa? ¿Futbol? Ojalá porque busco hacer un análisis en clave de management de algo que es un fenómeno universal, que ni el infame terrorismo ha logrado parar y que es sin duda el opio moderno de los pueblos, si se me permite la alusión.

GERENCIA - Gestion de una pasionYa lo dije, estudié y viví mis años fundacionales como profesional en Europa, con foco y eje en Madrid, estudiaba a 7 calles del Bernabéu y soy muy del Madrid, de la gloria blanca, es la verdad e intento que mi nene también lo sea para tener tardes de sábados y domingos en paz. Pero eso no me hace ciego y el tiempo me ha enseñado a atemperar un poco esta pasión. Soy capaz de ver en perspectiva y establecer líneas y diferencias en los estilos de dirección (ya lo ve, intentaré no hablar de futbol como tal). Podría haber tomado equipos de varios países, pero no me pareció justo porque los campeonatos son diferentes en nivel de competencia, exposición y alcance. Escogí y pudo haber sido la Premier inglesa o la Bundesliga alemana, la Ligue1 francesa o el Calcio italiano, pero quizá por afinidad o porque encuentro un mejor contraste, ya sabe, escogí La Liga española para mi experimento. No pretendo con esto levantar ampollas entre ningún aficionado a un equipo, ni que mis colegas hinchas del Madrid piensen que me pasé al lado oscuro de la fuerza, ¡nada de eso! Solo son mis impresiones intentando no caer en fanatismos y hacer diferencias entre los equipos que voy a pseudoanalizar. Dicho esto: ¡Vamos a por ello!

Tres estilos de management reflejados en la liga española: Barcelona: tan marcado hacia el talento y la creatividad, que la innovación nace sola; Real Madrid: empresa altamente personalizada por su presidente, los directores no cuentan mucho: Atlético: confiar hasta el paroxismo en sus gerentes y equipo de trabajo (empoderamiento y garra) y leer el mercado.

Can Barca. Olvidemos que de acá salió el que a mi juicio es el tipo más renacentista que he visto últimamente: Pep Guardiola. Pep, hoy en el granítico Bayern alemán al que no le estornuda nadie bien vale para dirigir un restaurante de autor o para la estrategia de Uber o efectivamente revolucionar el futbol. Pero no, no es tema Guardiola hoy. Me quiero detener en la administración del talento interno y de jamás perder un estilo con el toque brasileño pero a la holandesa y vulcanizado en la cosmopolita Barcelona. En esta empresa casi todos se conocen y estoy convencido que los nuevos ingresos (fichajes) se consensuan entre los jugadores (trabajadores) para conocer si realmente funcionarán en un entramado tan especial. Comparten visión, misión, valores y filosofía y el que llega la adopta casi inmediatamente. Ninguno revienta el balón en una situación de apremio, es decir, jamás un correo altisonante; todos llegan al cierre y se prestan para salir jugando (compañerismo) y están tan concentrados en lo que realmente disfrutan que parece que todo les fluye (se le atribuye a Confucio la frase de búscate un trabajo que te guste y no trabajaras ni un solo día de tu vida) y por ello van contentos al trabajo. Su escuela es legendaria y el sistema de formación de futuros talentos suele ser muy bien manejada. Una prueba de ello es que se cambian los entrenadores (CEO’s) y el estilo sigue igual, siendo un acierto de los accionistas (o junta), además que no solo forman jugadores (posibles gerentes de áreas) sino directores de divisiones, es decir: son autosustentables. Hay un estilo tan marcado hacia el talento y la creatividad, que la innovación nace sola. Si el Barcelona es una oficina, es un lugar que no tiene paredes ni las odiosas divisiones de puestos de trabajos. Un espacio abierto con mesas largas y con el jefe más que accesible, donde todos gestionan sus agendas y tiempos desde sus celulares y las reuniones se llevan a cabo en la cafetería de la esquina. De hecho van vestidos como quieren y la corbata es opcional.

El Real. ¿Cómo le hago para no sonar fanático? La máquina que más dinero hace en el futbol mundial es un una empresa con un estilo diametralmente opuesto al anterior, que se ejemplariza en dos visiones increíblemente polarizadas y opuestas que hasta reproduce una situación nunca antes vista: un duelo de los ejecutivos más eficientes del mundo: Cristiano y Messi. Esto es como haber puesto a competir a Jack Welch y Steve Jobs en el mismo campo.

El edificio del Real Madrid en mi imaginario es la clásica corporación que debe tener 15 pisos, y el último es inexpugnable. De hecho se tejen leyendas sobre qué hay allí arriba, quién lo habita e inclusive qué comen. Todo es absolutamente lejano, sofisticado, hermético. Eso alimenta inexorablemente el morbo por querer llegar a esa especie de Olimpo, entrar en la historia de la empresa más grande, más masiva, más potente e inclusive más elegante (a ver quién me discute que vestir de blanco no se ve bien sobre el césped): ya se sabe, el mejor del Madrid puede que sea el mejor del mundo, o así lo hace saber su engrasada maquinaria de publicidad; además está para los postulantes y personal de la empresa el hecho de compartir tarjeta de presentación con la misma insignia de ídolos mundiales. ¿Quién no quisiera estar en la misma oficina de Sam Walton?

En una empresa altamente personalizada por su presidente, los directores no cuentan mucho y se cambian según le pega la luna a su tiránico mandamás. Pero tampoco conviene tachar a Florentino Pérez como el único perseguido que hace esto, esta empresa hubiera sido el sueño dorado de Jack Welch, quien despedía sistemáticamente al 10% de sus gerentes todos los años, buscando mayor calidad, compromisos y resultados e hizo de GE la empresa en su momento más grande del mundo.

En definitiva, esta es el tipo de empresa que valora el esfuerzo puntual y busca al que mejor lo hace en ese momento, no le interesa mucho jubilar gente y en cambio sí busca un francotirador en función a las necesidades puntuales. Su estilo es ganar por aplastamiento, y no se detiene en cómo conseguir los objetivos (jugar bien, mal, aburrido, sublime). Quizá un ejemplar de El Príncipe de Maquiavelo reposa en mi imaginario piso 15 y lo que logra es supeditar el plan estratégico a logros de objetivos a muy corto plazo. En el Madrid no existe el mañana y muchísimo menos el ayer, pero es un ganador nato. En una política absolutamente existencialista y triunfalista, el no conseguir los objetivos (por lo general tremendamente ambiciosos, no podría ser de otra manera) sume a todos en la empresa en una profunda depresión, incluidos nosotros, sus fieles seguidores.

La tercera vía. El clásico (mal llamado derbi) es el que se juega al menos dos veces al año entre el Real Madrid CF y el FC Barcelona. Ese es el clásico de España. Los derbis son entre equipos de la misma ciudad, y aquí entra un tercer estilo por demás sumamente interesante: El Atlético de Madrid y su filosofía del cholismo. Los que no saben de dónde viene eso, en pocas palabras es el término con que se asocia a Diego Pablo Simeone, el Cholo para los amigos. Este CEO dirige su empresa que vive el día a día, no es que renuncia pero no tiene a los artistas impresionistas que tiene el Barca ni el edificio y hall desafiante y orgulloso de su vecino al otro lado del Manzanares. La política de su board es darle totalmente libertad para escoger a sus acólitos (es casi una religión) que se resume en dos líneas: “Hay que creer” e “Ir partido a partido”, dicho de otra manera: estar ágiles, ser más lean, confiar hasta el paroxismo en sus gerentes y equipo de trabajo (empoderamiento y garra) y leer el mercado. Lo realmente prodigioso de este estilo es que es muy humilde pero potente, más cercano a la gente de a pie. Absolutamente dirigido al esfuerzo en conjunto, este estilo se parece mucho al cuerpo de Marines que jamás dejan a nadie atrás (¿vieron Black Hawk down?) y está armado en necesidad a lo que funciona en cada espacio y no al gerente para el espacio. La idea sobre la persona, el grupo sobre todo y las metas desde siempre muy claras, y con otro lema de cuerpo de elite como cierre: The only easy day was yesterday (es decir, una cultura de esfuerzo).

¿Cómo es su edificio? Casi está en el carro. El Cholo tiene un smartphone de ultima gama y todo lo gerencia desde allí, estando en la calle, donde se aprende a hacer negocios con la gente normal

¿Con que nos quedamos? De cada liga de futbol podríamos sacar estilos y generar puntos coincidentes con los que acabo de esbozar. Si me piden una palabra para cada uno, diría que el Barca es el geek de la clase (apuesta al talento), el Madrid el autoritario (apuesta a la persona) y el Atlético el astuto (apuesta al grupo). La verdad como analista es que si veo al Atlético de Madrid como empresa me pongo de pie y aplaudo a rabiar el triunfo de la humildad, de la gestión inteligente de sus recursos y la agilidad para adaptarse al mercado.

Soy un admirador del talento y ya he llegado a las raíces del Renacimiento como respuesta y espejo para entender lo que sucede en Silicon Valley cuando el genio puro se reúne. Admiro al FC Barcelona por ello, porque no renuncian a la idea, tienen unos solistas de ensueño y enaltecen a un deporte tan bello, pero no soy culé y quiero honestamente que pierdan siempre contra los míos, que son quizá soberbios, más altos, más caóticos pero más miuras y más raza y testosterona, y déjense de cuentos, la historia las escriben los ganadores, y revisen quien tiene más historia.

Fuente: Estrategia & Negocios

(*) Venezolano, director de ALTO NIVEL Escuela de Negocios en Guatemala. Ingeniero Mecánico de profesión, cocinero por pasión, es ingeniero mecánico con estudios en maestrías de administración de negocios (MBA); y gestión de proyectos (MPM) y con Robótica y Automática Industrial a nivel de doctorado. Agitador tecnológico y admirador del talento humano y de los procesos creativos, cree en la innovación como llave de cambio. Está casado con una chapina y tiene un hijo chileno.

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