Solidaridad y ciencia, por la ecología

Solidaridad y ciencia, por la ecología

Por NORMA CADOPPI.-

Las tendencias medioambientales de las últimas décadas, responsables del aumento sostenido de los niveles de CO2, se corresponden a un proceso que se expresa por el aumento de las temperaturas, el calentamiento de los océanos, el cambio de los patrones de los vientos, la deforestación, la erosión de los suelos, la reducción de los glaciares, tendencias que siguen acentuándose en forma continua y permanente.
El cambio del clima, presente en los últimos 6.000 años, no siempre fue causado por la humanidad -la mayoría de los cambios climáticos importantes en la historia del planeta se dieron antes de que hubiera humanos- pero el actual cambio constituye el efecto secundario de un fenómeno humano muy poderoso: la industrialización mundial.
En el mundo, los nuevos modos de producción -que responden a la expansión de la biotecnología, la nanoingeniería, la química, las telecomunicaciones y la robótica- permiten multiplicar a través de organismos vivos, infinita cantidad de veces sus productos, sin desechos ni pérdida de energía, y la revolución cibernética y el desarrollo de la inteligencia artificial permiten convertir al “conocimiento” en la materia prima más valiosa. Esto ilumina un camino virtuoso y posible.
Necesitamos un nuevo sistema energético mundial con nuevos escenarios basados en la innovación tecnológica, dispuesto a reorientar las inversiones y a definir nuevos incentivos para desactivar las condiciones del clima global antes que la humanidad desaparezca del planeta Tierra.
Esta propuesta de un cambio de modelo se va a consolidar si la población en su conjunto lo comprende, lo lidera, y pide a sus gobernantes conocer ¿qué valor ellos le dan al ambiente?, ¿quién expresa ese valor?, ¿quién es su dueño?, ¿quién paga los costos?, ¿quién recibe los beneficios?
Por tratarse de un “proceso global” es posible anticiparse, siempre que las medidas a tomar estén unificadas en todos los países. El primer acuerdo, que comenzó en Kioto, Japón 1997, obligaba a los países industrializados a reducir las emisiones de Gases Efecto Invernadero. Hoy, el resultado de la COP 21 de París 2015, que tantas expectativas generó en la sociedad civil en su conjunto, sólo llegó a delinear insuficientes precisiones estableciendo que “las Partes” deberán adoptar sus propias políticas de reducción de emisiones, requerimiento que no implica el compromiso de reducirlas.
Estamos en un mundo cada vez más complejo por el desarrollo de una poderosa tecnología que necesariamente deberá convivir con nuestro mundo interno, en el que prevalezcan la humildad y la paciencia propias de la condición humana, y con estas fortalezas abordar simultáneamente los problemas de la pobreza, la desigualdad y el calentamiento planetario.

Fuente: El Clarín – Argentina
Autor: Norma Cadoppi. Médica oncóloga. Presidente del Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional.

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