Un misil el monoplazas construido artesanalmente

Un misil el monoplazas construido artesanalmente

A la familia Clara le corre gasolina por las venas. Miguel padre es uno de los profesionales con más dilatada trayectoria en el sector del automóvil valenciano. Su hijo mayor, también Miguel, es ingeniero de competición y ya ha dado el salto a la GP2, antesala del ‘gran circo’ de la F1. Jorge, el pequeño, con 22 primaveras todavía, es uno de esos pilotos con mucho talento a los que la falta de patrocinios le ha negado un volante las últimas temporadas y ha tenido que emigrar al lejano oriente a buscarse las habichuelas y los patrocinadores.

Pero tal es la pasión de la familia que el ingeniero, Miguel, ha trabajado durante los dos últimos años en fabricar un monoplaza de competición totalmente artesanal para su hermano Jorge. Y el resultado ha sido brillante porque hace escasos días el pequeño de la saga se ponía a los mandos del coche en unos test de F3 celebrados en el circuito de Cheste, no siendo ni mucho menos el más lento de una tanda en la que habían equipos grandes de la categoría, pese a contar con unos neumáticos muy usados, los que se han podido permitir.

La locura es cosa del hermano ingeniero que hace tres años decide gastar parte de su patrimonio en construir un monoplaza para su hermano piloto, del que está convencido que tiene madera y no es pasión familiar. Empezó en 2013 pidiendo favores e intercambiando cosas por piezas. “Cambió un Mazda 3 suyo por piezas haciendo 1.800 kilómetros para recoger casi 300 kilos de material”, señala Jorge orgulloso de su hermano Miguel. “Adrián Campos nos cedió un chasis y las instalaciones para trabajar. Allí nos pasamos un invierno entero limpiando piezas con gasolina temblando literalmente porque la gasolina te extrae todo el calor de la piel”.

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Poco a poco fueron montando las piezas que habían ido adquiriendo. Falta el motor y lo encuentran en Francia. Hicieron dos viajes porque “al principio nos pedían cerca de 30.000 euros”. Pero el propietario de una escudería para la que trabajaba entonces Miguel media en la operación y consigue una espectacular rebaja hasta dejarlo en unos 6.000. Entonces Miguel vuelve a por el motor. En Francia lo arranca y lo testa y cuando ve que está en condiciones, lo desmonta solo, lo carga en el maletero, y de nuevo para Valencia.

Miguel va montando con ayuda de su padre hasta que hace unos meses suena el teléfono de Jorge en Dubai. Al otro lado del teléfono nadie habla, ruge un motor. A Jorge se le encharcan los ojos, es el monoplaza que su hermano ha hecho para él.Miguel adapta una caja de cambios secuencial, una faena meticulosa y concienzuda y toca rodar. Pactan una tanda con equipos de la F3 en el Circuito de Cheste. Allí los técnicos de la Fórmula de Campeones, por la que Jorge pasó hace unos años, les ofrecen el último guante. Y es que Miguel no puede estar en el estreno. Pero está todo el día al teléfono viendo como ha ido todo. “Nunca tengo el teléfono en el box y ese día estuve hablando casi lo mismo que al volante” afirma Jorge.

“La prueba fue un éxito. Lo arrancamos y lo pusimos en pista. El primer día yo estaba muy frío porque no sabía si el coche se iba a partir por la mitad. Confío en mi hermano pero no en los materiales antiguos”, señala Jorge entre sonrisas. “Fue un éxito total porque había tres equipos más en los test: Campos, Villota y Porteiro y no fuimos los más lentos al final del día. Dimos 53 vueltas con ruedas muy viejas y sin problemas. A las dos semanas repetimos test con otro éxito rotundo y una tercera ocasión en la que hicimos 1,31 por el 1,33 del primer día. El coche fue como un misil.”

Jorge se emociona al hablar del coche que le ha fabricado su hermano. “El coche no sólo no se partió, todo funciona a la perfección y no se ha movido ni un tornillo. Es increíble lo que hemos hecho porque correr en un coche similar cuesta 300.000 euros. El tercer día fui a reventar el coche pero no pude con él. Una pasada”.

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Miguel Clara ha trabajado dos años en la fabricación artesanal del monoplaza para su hermano Jorge, en el que confía plenamente como piloto

El precio es incalculable por el trabajo y las horas que los hermanos le han puesto. Y es que Miguel, el ingeniero, confía mucho en las condiciones de Jorge, el piloto, sin dejarse llevar por la pasión de hermano porque ha visto muchos pilotos y ha trabajado con algunos que hoy están en la F1. “Mi hermano es muy duro conmigo cuando ve que no hago las cosas bien, me mete mucha presión. Me trata como a cualquiera de sus pilotos. Como nunca hemos tenido dinero para estar en grandes equipos con grandes estructuras, mi padre y mi hermano saben lo que he hecho con materiales muy inferiores a otros pilotos siendo en todo momento consciente de que si rompía el coche era una ruina”.

¿Y todo esto por qué? Pues porque Miguel confía tanto en su hermano que test como estos ayudan a que pueda encontrar un volante en F3 o World Series para la temporada 2016. “Y además porque lo tenemos como moneda de cambio. Es algo que puedes usar. Lo puedes utilizar con los inversores. Es patrimonio de los Clara… más de mi hermano”, añade Jorge.

Fuente: El Mundo (España)

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