Barcelona cierra parcialmente manzanas para permitir solo el tráfico local

Barcelona cierra parcialmente manzanas para permitir solo el tráfico local

Barcelona cierra parcialmente manzanas para permitir solo el tráfico local. Se implantó en verano, con poca información. Y cuando los vecinos volvieron de vacaciones en septiembre durante semanas reinó la confusión.

Dos años y medio después, la superilla que agrupa a nueve manzanas del barrio del Poblenou, en Barcelona, es celebrada por los vecinos. La iniciativa cosecha premios y tiene eco en la prensa internacional.

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Barcelona a la vanguardia

— La superilla (supermanzana) consiste en cerrar parcialmente un grupo de manzanas y permitir solo el tráfico local, vetando el de paso.

El espacio que sobra se destina a los vecinos: zonas verdes, de juego, de paseo, para bicis.

La del Poblenou no fue la primera que se implantó en Barcelona, pero sí la primera que cerraba manzanas de la moderna cuadrícula del Eixample.

Las anteriores se ubicaron en cascos antiguos como los de Gràcia o Ciutat Vella, donde ya mandaban las calles peatonales.

Combatiendo la contaminación sónica

— Su cerebro fue el director de la Agencia de Ecología Urbana, Salvador Rueda. Corría 1987 y le desesperaban los niveles de contaminación acústica de la ciudad.

El ruido es todo o nada. Con coches, ruido; sin coches, silencio. La calidad urbana pega un salto increíble”, sentencia. “Propuse a los de movilidad reordenar la red viaria, pero lo descartaron”.

El segundo intento llegó en 1993, cuando con fondos europeos se limitó el tráfico en el estrecho barrio del Born.

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Las siguientes fueron dos superilles en Gràcia. “Si esto se extiende, Barcelona será la mejor ciudad del mundo”, repite Rueda.

Espacio público: extensión de la vida privada

— En el Gobierno de la alcaldesa Ada Colau (Barcelona en Comú), el responsable de implantar la superilla del Poblenou fue el director de Modelo Urbano, Ton Salvadó.

Él habla de la ciudad como “un tablero homogéneo donde pasan cosas diferentes y permite muchas formas de jugar”, y defiende salpicarla de superilles. Porque justifica, “el espacio público debería ser la extensión de la vida privada”.

Espacio para uso ciudadano y áreas verdes se han doblado

— Con la superilla del Poblenou se han creado cuatro plazas en las intersecciones entre manzanas.

El espacio para uso ciudadano y el verde se han doblado, la actividad comercial ha crecido y de 36 plazas para sentarse se ha pasado a casi 400.

En cambio, las plazas de aparcamiento se han reducido a la mitad.

Es todo un ejercicio observar el disfrute del asfalto.

Estudiantes y oficinistas usan las mesas para comer, los abuelos toman el sol a mediodía y los niños corren como si no hubiera un mañana cuando salen del cole.

En el club de fans de la superilla hay vecinas como Txell Hernández. “Nos ha cambiado la vida”, dispara. “Entre semana, durante el finde, hemos tomado las calles. Mis hijos no quieren salir de aquí”, asegura.

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Incrementa el tráfico en las calles perimetrales

— Ante tanta mejora, el efecto negativo colateral es que aumenta el tráfico en las calles perimetrales.

Otro problema es la gentrificación: ese perverso efecto por el cual, si mejoras la calidad urbana, los precios del mercado inmobiliario suben y acabas expulsando a vecinos y comercio tradicional.

Antes de implantar la siguiente supermanzana, la que rodea el mercado de Sant Antoni, la Administración de Ada Colau redactó un plan de usos para intentar blindar el comercio.

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Fuente: El País – España

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