Una forma de competencia desleal que ha crecido exponencialmente en redes sociales e Internet.

Es la de pseudoempresas que operan como mayoristas de servicios hoteleros y turísticos.

Haciéndose pasar por representantes de los hoteles renombrados que promocionan, o inclusive operando como si se tratase de los originales.

Como funciona?

Bajo este esquema comercial, un prospecto de cliente utiliza un buscador para localizar un cierto hotel en una ubicación.

Mostrando en las primeras posiciones de la página inicial de resultados diversos sitios relacionados.

Que, al ingresar, despliegan toda la información que el usuario esperaría de un sitio oficial.

Inclusive las fotografías del hotel son exhaustivas y de buena calidad.

Y la opción de reservación y pagos opera con naturalidad.

De hecho, el cliente recibe, la mayor parte de las veces, los servicios en forma normal.

Sin saber que está contratando a través de un tercero completamente ajeno al establecimiento con el que asume que está reservando.

Para que este modelo sea viable, una gran inversión debe haber sido ya realizada para montar la estructura operativa.

En primera instancia, la empresa “pirata” debe haber registrado una serie de variantes de nombres de dominio que involucran la marca del hotel.

De manera que logre posicionar en los primeros sitios de los buscadores sus páginas.

Después, debe contar con los espacios disponibles para hacer las reservaciones y ventas correspondientes, mismos que suele contratar con mayoristas.

En estricto sentido, de no ser por el engaño del cliente que asume estar tratando directamente con el prestador de servicios.

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La operación no pasaría de ser una reventa.

De las que, por cierto, está plagada la industria turística en el mundo.

Perjuicio para los hoteles legales

Para muchos hoteles la situación, inicialmente, no representaba un problema particularmente grave.

Ya que se vendían sus espacios y seguían recibiendo el pago correspondiente, como una más de las variantes de promoción y tarifario que suelen manejar este tipo de empresas.

Sin embargo, los problemas se han venido incrementando notablemente.

Al tratarse de una gestión de clientes que maneja un intermediario sin vínculo contractual con el establecimiento que finalmente presta los servicios.

Clientes que reclaman reservaciones que no fueron hechas, pagos que no son validados.

Errores en fechas o prestaciones son ya situaciones cotidianas con las que los consumidores engañados tienen que lidiar.

Este tipo de conductas, que pasan por un abanico de hipótesis normativas que pueden ir desde simples infracciones administrativas hasta delincuencia organizada.

Implican responsabilidades compartidas trascendentales.

La primera, la de los propios establecimientos afectados, que tienen ante sí el imperativo moral de no tolerar el robo de su identidad, en ninguna circunstancia.

La otra posición que, una vez más debe ser revisada, es la de los buscadores de internet y los proveedores de servicios.

Que son facilitadores y beneficiarios de la operación de sitios ilegales de este tipo, que para subsistir deben pagar por enlaces patrocinados y servicios en línea.

Una vez más, la ausencia de una legislación de competencia desleal se hace plausible.

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Crece robo de identidad empresarial

FUENTE: El Financiero:México/Mauricio Jalife

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