Cualquier intervención en la ciudad exige muchos aspectos a tener en cuenta

Cualquier intervención en la ciudad exige muchos aspectos a tener en cuenta

Cualquier intervención en la ciudad exige muchos aspectos a tener en cuenta. En junio, Abelardo Linares y Elena Jiménez, del estudio de arquitectura Jiménez&Linares de Sevilla, se alzaron con el primer premio, por segundo año consecutivo, del III Concurso Internacional de Arquitectura Richard H. Driehaus 2019. Una vez asimilado, nos hablan de su pasado, su presente y, de lo que es más importante, su futuro y su visión de la arquitectura en el mundo actual.

–¿Qué les animó a presentarse a este concurso?

–Acabábamos de salir de una crisis donde la construcción había tenido un papel clave y, sin embargo, el debate dentro de la arquitectura se limitaba a condenar los excesos, como esos proyectos faraónicos de museos, estadios o aeropuertos que, en los últimos años, hemos etiquetado como «arquitectura espectáculo». Y a nosotros esta crítica nos parecía muy superficial.

–¿Por qué escogieron la iniciativa de Richard H. Driehaus?

–Porque proponía un debate en torno a problemas reales y acuciantes. Y eso suponía para nosotros trabajar de una forma totalmente nueva. Por ejemplo con problemas como la despoblación en los que debíamos averiguar cómo ayudar a revitalizar pueblos y pequeñas ciudades. O la desaparición de los oficios tradicionales y de cómo conseguir reintroducir las técnicas y los materiales locales en nuestros proyectos.

Buscar en el pasado para construir el futuro

–¿Qué les ha supuesto ganar el primer premio?

–Ganar el concurso para la Plaza Mayor de Jaca nos dio visibilidad y nos permitió contactar con una red de arquitectos valiosísimos con los que compartimos inquietudes. La mayoría de los participantes son jóvenes que, como nosotros, buscan en el pasado para construir el futuro.

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–¿Y ganarlo por segunda vez consecutiva?

–Ganar de nuevo el concurso este año ha sido para nosotros muy importante. En primer lugar, porque creemos profundamente en la necesidad del proyecto. Béjar tiene un casco histórico y un legado industrial excepcional, rodeado de un paisaje impresionante pero, también, muy despoblado y degradado, por lo que necesita un proyecto que lo revitalizara. Por otro lado, nos anima a ser optimistas ya que cada vez más hay interesados en nuestra forma de trabajar. Una arquitectura que se preocupa mucho por el programa, el tiempo y la imagen de conjunto y muy poco por reivindicarse a sí misma.

–Dos menciones de Honor y dos primeros premios, ¿qué balance hacen de su paso por el Concurso Driehaus?

–Los concursos tienen siempre un aspecto positivo inmediato y es que te obligan a investigar, a reordenar ideas y a confrontarlas con las de otros equipos. Y todo esto –tanto si ganas como si no–, es algo saludable para cualquier estudio.

–¿Y negativo?

–Como aspecto negativo, el principal problema que presentan este tipo de proyectos es la incertidumbre. Cualquier intervención en la ciudad exige muchos aspectos a tener en cuenta y todo ello se acaba traduciendo en años de trabajo en lo que no se tiene garantía de que el proyecto pueda llegar a buen puerto.

Escuchar a la gente

–Su arquitectura tiene mucho de historia, metáfora y poesía pero ¿dónde dirían que encuentran la inspiración?

–La arquitectura moderna tiene una cierta tendencia a la metáfora pero no a una figurativa, sino a otra más deshumanizada y abstracta. A veces parece que el edificio sea la excusa perfecta para pontificar cualquier tema siempre y cuando sea lo suficientemente teórico. Por ejemplo están las nuevas tecnologías, los cambios sociales o el arte contemporáneo y, sinceramente, no entendemos cómo esto le puede interesar ni remotamente a un ciudadano que quiere una plaza.

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–Entonces, ¿cómo comienzan a trabajar con un nuevo proyecto?

–Estudiamos el contexto, su historia, tratamos de escuchar a la gente y con todo ello hacer una arquitectura que parezca que siempre ha estado ahí. Por lo que cuando proyectamos tratamos de ser muy pragmáticos y buscar la respuesta de si a todos nos gustan los centros de nuestras ciudades, ¿por qué no centrarnos en recuperar sus valores?

–En los equipos siempre hay alguien que funciona de manera más racional o emocional. ¿Cómo se definirían?

–Somos bastante racionales y tremendamente exigentes con lo que producimos. Nuestra arquitectura quiere parecer sencilla, pero eso conlleva un enorme esfuerzo de precisión detrás. Son muchos días de trabajo hasta que damos con la clave, con la solución más elegante al problema que tenemos delante. Y, ahí, el trabajo en equipo es fundamental, no podríamos llevar adelante estos trabajos sin la ayuda de nuestros colaboradores que son Paloma y Javier.

Cualquier intervención en la ciudad exige muchos aspectos a tener en cuenta

Fuente: La Razón – España

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