Deforestación y minería ilegal alimentan focos de malaria en Venezuela. Venezuela aumentó más de 10 veces los casos de malaria desde 2009 a 2019. Y la mayor parte de los casos se concentra en áreas donde aumentó la deforestación y la minería ilegal para la extracción de oro en los últimos años.

Estos puntos calientes están localizados al sur del río Orinoco. Y son las parroquias San Isidro y Dalla Costa, en el municipio Sifontes del estado Bolívar. Solamente ellos reúnen más de 60% de los casos de la última década.

En cifras, Venezuela pasó de 41.943 casos de malaria o paludismo en 2009 a 467.421 casos en 2019. Es “un crecimiento epidémico explosivo debido a una falta significativa de programas de control”.

Así lo refiere el estudio publicado en PLoS Neglected Tropical Diseases, realizado por investigadores venezolanos y extranjeros.

Sifontes ha perdido, desde 2007, más de 3.058 hectáreas de bosques por la minería ilegal.

El minero, al deforestar para extraer oro, genera lagunas artificiales, hábitats para el mosquito anófeles, transmisor de la malaria”, explicó a SciDev.Net María Eugenia Grillet, investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela y autora principal de la investigación.

La mayoría de los casos son hombres

El análisis utilizó información epidemiológica y geográfica y encontró que en las zonas deforestadas hay más casos de malaria que en áreas cercanas; asimismo, determinó que las infecciones, tanto por Plasmodium falciparum como por Plasmodium vivax, se incrementaron al tiempo que disminuyó la vegetación. Ambas son las especies más frecuentes del parásito de la malaria en el país.

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Los datos también muestran que la mayoría de los afectados fueron hombres entre 21 y 40 años; y que aproximadamente seis de cada 10 de estos pacientes se dedicaban a la minería.

Muchos trabajadores de otras regiones de Venezuela se desplazan a Bolívar por la crisis económica para dedicarse a esta actividad; en tal sentido, la enfermedad se ha expandido hacia otros estados del país donde alguna vez estuvo erradicada.

El cuadro se hace más complejo cuando se le suma la migración, pues también afecta los esfuerzos para el control de la enfermedad de países vecinos como Brasil, Colombia y Guyana.

El Informe Mundial sobre Malaria en 2020 de la Organización Mundial de la Salud indicó que el progreso logrado en las Américas contra la enfermedad retrocedió por el incremento de la epidemia en Venezuela. Solo en nuestro país se registran 53% de los casos del continente.

El reconocimiento de la emergencia humanitaria por parte del Estado venezolano, hace esperar una reducción de las cifras de la enfermedad. Esto porque permitió a organizaciones de asistencia humanitaria ingresar a las zonas maláricas.

Programa Nacional de Malaria

Sin embargo, Grillet apuntó que lograr un verdadero control pasa por reconstruir el desmantelado Programa Nacional de Malaria, otrora ejemplo en la región.

El médico Juan Carlos Gabaldón, investigador de la española Universidad de Navarra, especializado en malaria, dijo a SciDev.Net que la detección de puntos calientes de la epidemia puede ayudar a que la inversión para controlarla tenga impacto, pese a los recursos limitados.

Sin embargo, por priorizar ciertas áreas no deberían descuidarse otras. Por ejemplo, la malaria en comunidades indígenas, que no está concentrada en Sifontes sino en otros municipios, también amerita atención”, señala.

Asimismo, la estrategia de control debería incluir la activación de centros para el monitoreo y la atención de salud de los migrantes durante su tránsito; y para ello hace falta cooperación transfronteriza, añadió Grillet.

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Deforestación y minería ilegal alimentan focos de malaria en Venezuela

Fuente: IPS Noticias

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