Doha: el gran espectáculo arquitectónico y urbanístico que produjo el petróleo

Doha: el gran espectáculo arquitectónico y urbanístico que produjo el petróleo

Doha: el gran espectáculo arquitectónico y urbanístico que produjo el petróleo. El petróleo sigue siendo uno de los detonantes que contribuyen a la transformación de muchas ciudades del planeta. El caso de Caracas o Doha son algunos ejemplos. Deben ser leídos como la materialización de un paisaje urbano identificado como símbolos de modernización y progreso.

A lo largo de la historia, la alta ambición social y política de los gobernantes, persiguió la construcción de grandes urbes. Seguida de las consecuentes prioridades de los mandatarios y otras fuentes de poder.

Infraestructuras, equipamientos, urbanizaciones exclusivas y vías expresas marcaron la creación de una condición urbana funcionalista. Particularmente, el cambio más drástico impactó en la población introduciendo una nueva mentalidad contemporánea.

Caracas, por ejemplo, empezó su proceso de transformación a partir de las primeras décadas del siglo pasado. Mientras que Catar empezó un complejo proceso de modernización en los años setenta. Proceso que se activó en el año de su independencia: 1971.

Planificación urbana

La recurrencia de expertos extranjeros para transformar las ciudades y establecer grandes planes de desarrollo urbano fue un hecho habitual y común en las dos ciudades mencionadas.

La planificación urbana parece un concepto nuevo en las ciudades que aún no son, pero aspiran a ser. Y se implanta e impone una imagen de ciudad soñada plasmada en asentamientos que han crecido durante años de manera orgánica.

Centrándonos en el caso de la capital catarí, en 1950 el área urbana de Doha tenía 18.000 habitantes. La cifra ha aumentado considerablemente estas últimas décadas llegando a 637.000 habitantes en 2019.

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Doha está emplazada en el desierto, en una pequeña península del golfo Pérsico. Y en la actualidad se enfrenta a la construcción de complejas obras de ingeniería: metro, tren, tranvía, y ocho estadios de fútbol.

La FIFA escogió esta ciudad en 2010 para poder albergar el Mundial de fútbol de 2022.

Retos y desafíos

Esta ciudad capital presenta grandes retos y desafíos para manejar grandes problemas urbanos, constructivos y climáticos.

Siguiendo los mismos pasos estratégicos de Dubái, la capital de Catar es un espectáculo urbanístico. Lamentablemente, son muchos los urbanistas, arquitectos estrella e ingenieros que contribuyen en dañar el paisaje urbano, el tejido social y cultural. Así como promover lujosas construcciones y acciones poco sostenibles con el fin de servir al régimen político absolutista del país.

La política del consumo ha ganado y conquistado terreno en una gran parte de la sociedad catarí.

Como si de un bosque artificial se tratase, la ciudad del desierto ya tiene sus rascacielos de vidrio y acero, centros comerciales, mega proyectos y establecimientos exclusivos aptos para unos pocos.

Grandes inconvenientes

Desde el anuncio de la FIFA en 2010, son muchos los inconvenientes que han aparecido para que este evento de talla mundial no pueda celebrarse.

Los condicionantes climáticos (viento del desierto, humedades de hasta 80%, temperaturas de hasta 45º C). Los geopolíticos (muchos países vecinos han decidido hacer boicot comercial a Catar). Y los relacionados a los derechos humanos (falta de libertad de expresión, asociación y reunión, discriminación de las mujeres, vulneración de los derechos de la infancia así como los derechos laborales y humanos).

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En Catar sigue vigente el sistema conocido como Kafala: los inmigrantes trabajan en condiciones que rozan la situación de esclavitud.

Además hay otros condicionantes: los grandes casos de corrupción. La vulneración de derechos humanos y laborales. La exclusión de gran parte de los trabajadores inmigrantes –que roza 80% de la población de la ciudad. Y la poca tradición futbolística del país.

Todos esos motivos visualizan la poca idoneidad para celebrar este evento.

Un artículo en The Guardian publicó que los aficionados que viajen a Catar para asistir al mundial de 2022 tendrán la oportunidad de alojarse en dos embarcaciones de lujo, contratadas por la empresa MSC Cruises, que servirán como hoteles flotantes.

Una vez más, el uso de este tipo de alojamiento temporal improvisado es una clara señal de los excesos de Catar 2022.

Ya no solo la concesión de este torneo por parte de la FIFA fue un escándalo sino todo lo que conlleva. Este evento ha sido y sigue siendo objeto de indignación mundial.

Doha ha convertido el capitalismo en un gran espectáculo urbanístico y arquitectónico. ¿Hay manera de ponerle freno?

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Fuente: El País – España

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