Estrategias urbanas y territoriales del siglo XXI  / #Opinión

Estrategias urbanas y territoriales del siglo XXI / #Opinión

Por Íñigo López-Araquistáin.-  En un contexto de nuevos paradigmas productivos, tecnológicos, laborales, así como un estancamiento demográfico y cambios sociales que han cambiado por completo las preocupaciones y necesidades sociales respecto a la realidad existente de hace relativamente poco, y muy especialmente a raíz de la crisis económica, nos encontramos ante un reto de desarrollo urbano muy distinto al que nos encontrábamos hace unas décadas.

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La realidad social de los años 80, 90 y primeros años del siglo XXI es muy distinta a la realidad actual en muchos aspectos, desde la situación demográfica y los flujos migratorios, hasta los modelos productivos y económicos. En este sentido, mientras que en aquellos años el tipo de desarrollo urbano se ligaba a la expansión y a un modelo de crecimiento en dispersión, en estos momentos nos encontramos en un contexto el que el principal reto se vincula a cohesionar lo existente y mejorar la calidad urbana, mediante estrategias integradas de desarrollo.

Tampoco debemos analizar los modelos anteriores de desarrollo y planificación con la visión actual. Con sus logros y defectos, el modelo expansivo de nuestras ciudades en las últimas décadas se enmarcaba en un contexto en el cual los modelos productivos y los flujos migratorios del momento condicionaban la necesidad urgente de vivienda y el crecimiento expansivo de la ciudad. Evidentemente, ese modelo de crecimiento ha generado diversos problemas de carácter urbanístico, que es ahora precisamente el momento en el cual se han de acometer y solucionar.

A esto se suma la especial problemática de nuestro país en sus dinámicas demográficas, con desarrollos poblacionales desiguales y el abandono progresivo del entorno rural.

Este modelo de desarrollo urbano sumado a las dinámicas demográficas actuales, han dado como resultado una realidad urbana caracterizada por la segregación y las periferias ligadas a las bajas densidades de población y al uso del transporte privado.

Existe otra problemática, menos evidente pero no por ello menos importante, más bien clave si queremos fomentar nuevos modelos de planificación urbana, y esta se basa en la propia legislación competencial y en el concepto de las propias administraciones en relación a la planificación urbana.

En España tenemos una visión localista de la planificación, y una regulación excesivamente inflexible, mientras que en otros lugares de nuestro entorno las estrategias de desarrollo urbano son de carácter más territorial y comarcal, con regulaciones mucho más flexibles. Por ello, es fundamental desarrollar dinámicas competenciales encaminadas hacia procesos de cooperación entre municipios.

Porque precisamente, con este tipo de dinámicas competenciales más flexibles y con perspectiva supramunicipal, conseguiremos cohesionar territorios más sostenibles, solidarios y que propicien entornos económicos más atractivos, en base a servicios públicos y dotacionales adecuados.

Y en cualquier caso, ninguna estrategia de desarrollo urbano, ya sea municipal o supramunicipal, podría entenderse como equilibrada y sostenible, si no tenemos en cuenta una serie de condicionantes.

En primer, lugar la perspectiva rural, el entorno paisajístico, el entorno natural y el espacio medioambiental. Segundo, el patrimonio cultural y arquitectónico. En tercer lugar, la cooperación interdisciplinar e interinstitucional, y en este sentido no me refiero solamente a cuestiones como el transporte público o las dotaciones y servicios públicos, que son fundamentales, sino que también se hace necesaria una perspectiva de política económica.

Con relación a la perspectiva económica, dividiría el reto en dos cuestiones fundamentales.

En primer lugar, la necesidad de buscar nuevas fórmulas innovadoras de participación y cooperación de todos los agentes sociales, institucionales, públicos, privados, empresariales y de inversión, a modo de concertación y cooperación público-privada con fines éticos. Los recursos públicos no son ilimitados y por ello es necesaria e indispensable la búsqueda de fórmulas cooperativas entre los entes públicos y privados para acometer estrategias de desarrollo equilibradas y sostenibles. Y en segundo lugar, no cabe duda que el desarrollo urbano y territorial condiciona el desarrollo económico y productivo, por lo que la perspectiva económica no es menor a la hora de elaborar verdaderos planes de desarrollo que hagan atractivos nuestros territorios desde el punto de vista económico y productivo.

No menos importante, y relacionada con el punto anterior, es la perspectiva rural y del entorno. Así como la cuestión medioambiental, que condiciona directamente la calidad de vida de los ciudadanos. Y en este sentido, podríamos dividir esta perspectiva en dos cuestiones. Por un lado, la necesidad de implementar estrategias vertebradoras entre las zonas urbanas y el entorno rural; y por otro lado, el fomento de estrategias urbanas y soluciones constructivas respetuosas con el medio ambiente.

Y todo ello sin menoscabar la perspectiva cultural y arquitectónica, la cual confiere a nuestros municipios y ciudades de una identidad como elemento fundamental de vertebración y cohesión.

Estrategias urbanas y territoriales del siglo XXI

FUENTE: RiojaDos

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