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Fracking: la reacción en cadena que preocupa a ambientalistas en EE.UU

Fracking: la reacción en cadena que preocupa a ambientalistas en EE.UU. Durante la última década, la técnica del fracking para obtener petróleo y gas natural ha ganado gran popularidad en EE.UU. Esto por su costo relativamente bajo y su gran potencial de explotación frente a otros métodos de extracción tradicionales.

Sin embargo, la fracturación hidráulica no está exenta de problemas medioambientales; despertando preocupación de ambientalistas, el Gobierno y la propia industria petrolera. Especialmente en estos momentos de recuperación económica en que aumenta aceleradamente la demanda de los combustibles fósiles.

La experta en el tema Irina Slav analizó la relación existente entre el ‘fracking’, las aguas residuales que genera y los eventos sísmicos. Esto lo hizo en un artículo publicado por Oilprice.com el 27 de junio, que citó Actualidad.RT.

La vocera hizo hincapié en la rentabilidad de esta técnica para sectores industriales que no están necesariamente ligados al petrolero; así como en la respuesta gubernamental a la actual situación.

Técnica de perforación del subsuelo

En primer lugar, es necesario entender en qué consiste el fracking.

Se trata de una técnica que perfora el subsuelo para generar uno o varios canales de elevada permeabilidad; a través de una inyección de agua a alta presión que supere la resistencia de la roca y abra una fractura controlada en el fondo del pozo. Esta agua a presión es mezclada con algún material apuntalante, con el objetivo de ampliar las fracturas existentes en el sustrato rocoso que encierra el gas o el petróleo; favoreciendo así su salida hacia la superficie.

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Según el Servicio Geológico de EE.UU, la cantidad de agua utilizada durante este proceso puede llegar hasta los 60 millones de litros por cada pozo. Luego es necesario deshacerse de toda esa agua residual; siendo vertida en pozos de inyección subterráneos que, según denuncian los ambientalistas, contaminan los acuíferos.

Aumentan probabilidades de eventos sísmicos

Sin embargo, existe otro problema ligado a esta práctica. Cuanta más agua se inyecta al subsuelo, más probables se vuelven los eventos sísmicos; porque los millones y millones de litros del líquido son capaces de cambiar las presiones en la formación rocosa, desencadenando una mayor actividad sísmica.

De hecho, la empresa independiente de investigación energética e inteligencia empresarial Rystad Energy advirtió el pasado 10 de junio en un informe que los terremotos de una magnitud superior a 2,0 se habían cuadriplicado desde 2017 en varias regiones productoras de petróleo;y pronosticó que la actividad sísmica aumentará aún más si la industria del petróleo y el gas continúa extrayendo hidrocarburos de esta manera.

Y es que en 2020 se produjeron 14 terremotos con una magnitud superior a 3,5 en Oklahoma, Texas, Luisiana y Nuevo México. Estos estados son claves en la producción petrolera mediante fracturación hidráulica.

En ese año marcado por la pandemia del covid-19 y la baja demanda de combustibles fósiles, la cifra de eventos sísmicos fue muy superior a los registrados tanto en 2019 como en 2018.

En lo que va de 2021, ya se han producido 11 terremotos en esos territorios; y se está observando un rápido aumento del fracking y de la consecuente producción de aguas residuales. Que al ser inyectadas al subsuelo causarían aún más actividad sísmica.

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Respuesta gubernamental

Por otra parte, desde el Gobierno también están abordando esta situación.

Recientemente, el congresista demócrata Frank Pallone presentó un proyecto de ley que podría reclasificar las aguas residuales del ‘fracking’ como desechos peligrosos.

Esto ha generado una intensa polémica, ya que las empresas se verían obligadas a deshacerse del agua residual en pozos de disposición Clase I; en vez de como lo hacen ahora, en pozos de Clase II, cuya cantidad es muy superior y rebasa los 200.000.

En un reporte del 11 de junio, el Instituto Baker de la Universidad Rice enumeró las desventajas políticas y económicas que esta ley acarrearía; entre las que se incluyen un dramático aumento del precio del petróleo y conflictos entre los estados productores de energía y el Gobierno federal.

Aun así, las ventajas desde el punto de vista ecológico y medioambiental serían innegables; pues a las compañías productoras de petróleo no les quedaría más opción que reciclar y reutilizar el agua, evitando así la posible contaminación de acuíferos y los eventos sísmicos severos.

Fracking: la reacción en cadena que preocupa a ambientalistas en EE.UU

Fuente: Actualidad.RT

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