Humedales continúan en grave declive en España. “En España, los datos sobre los humedales son escalofriantes. Más del 80, 85% han desaparecido, y los que funcionan están en un estado lamentable. Ejemplos de ello son el Mar Menor, el Parque Nacional de Doñana o el Parque de las Tablas de Daimiel».

Así lo afirmó Miguel Ángel Mateo, investigador del Centro Español de Investigaciones Superiores (CSIC); en el seminario El carbono azul en el corazón de un clima saludable, organizado por IUCN Centre for Mediterranean Cooperation.

Sus declaraciones fueron recogidas por National Geographic en español.

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2 de febrero de cada año el Día Mundial de los Humedales; esto enmarcado en la celebración del 50º aniversario de la Convención sobre los Humedales, el pasado 30 de agosto de 2021.

Se ha perdido más del 60% de los humedales

Y el objetivo de esta iniciativa es reivindicar la importancia de estos ecosistemas; fundamentales para las personas y la naturaleza y esenciales para lograr un desarrollo sostenible.

Sin embargo, aunque pueden aplaudirse muchos ejemplos de progreso en la protección de los humedales, el panorama mundial sigue dominado por su pérdida continua.

A principios del siglo XX se calculaba que podía haber unas 280.000 hectáreas de humedales; cifra que se ha reducido a 115.000. Es decir, tan solo en este siglo se ha perdido más del 60%, bien por desecación o por contaminación, según datos de Global Nature.

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La gran variedad de humedales de España

“España no tiene la cantidad de humedales en superficie que existe en el resto de Europa porque tenemos menos humedad; pero tenemos una variedad con un gran valor ecológico”. Afirma Eduardo de Miguel Beascoechea, director de Global Nature y experto en humedales.

“Climática y geográficamente, España es un país cuya diversidad se traduce directamente en la gran variedad de espacios de humedales que existen”.

Aproximadamente 2.000 humedales inundan España a lo largo de todo su territorio. Y los diferentes tipos se dividen según la procedencia del agua que los encharca; su extensión o su duración a través de las estaciones del año.

Por ejemplo, una turbera, es un tipo de humedal en el que se acumulan capas de material orgánico en estado de descomposición conocido como turba. Existen en las zonas de montaña cantábrica, Pirineos y el Macizo Central, parecidas a las del norte de Europa pero de menor tamaño.

También existen humedales de tipo salino en el centro peninsular. La llamada La Mancha Húmeda, como la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga; o la de Gallocanta, Aragón; así como humedales conectados a los grandes acuíferos, como el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel; o el Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera, que dependen del agua subterránea que brota.

Asimismo, los grandes humedales costeros son muy importantes; grandes marjales mediterráneos como la Albufera de Valencia; Prado de Cabanés-Torreblanca, en Tarragona; Doñana, en Andalucía, o el Mar Menor, en Murcia.

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¿A qué se debe su gran declive?

“Entre las grandes causas se encuentra la desecación. Es decir, todos los humedales conectados con los acuíferos se han ido secando por la extracción masiva de agua para regadío; como el caso de las Tablas de Daimiel o Doñana”, afirma de Miguel.

“También la propia ocupación de los humedales por cultivos, como en el caso de los humedales esteparios. La agricultura ha ido ocupando los terrenos de humedales que se secan en verano”.

Entre las grandes joyas de la corona del interior peninsular, a lo largo del siglo XX hubo grandes proyectos de desecación por parte de la Administración; como la laguna de Antela, un lago interior de Orense; Mar de Campos, en Valencia, o la laguna de La Janda, en Cádiz.

Un gran reto

“Recuperar estos ecosistemas es uno de los grandes retos de la conservación en España”, afirma de Miguel. Con este objetivo, el ministerio ha incluido en la estrategia nacional estos humedales para su recuperación; pero la dificultad de volver a utilizar para uso público terrenos concedidos para uso privado complica gravemente la gestión. Al obligar a expropiar miles de hectáreas. “Supondría algo así como crear tres Doñanas nuevos, sería uno de los grandes logros ecológicos de este país”. 

El impacto de la agricultura

En paralelo a la desecación, los grandes problemas de contaminación han llevado al desastre ecológico que sufre el Mar Menor y la Albufera de Valencia. “En este momento, se puede decir que el Mar Menor está casi muerto; y la Albufera de Valencia lleva el mismo camino”, denuncia De Miguel.

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“Alrededor del Mar Menor, en el campo de Cartagena, ha habido siempre una explosión de cultivos de invernadero; y el drenaje de estos cultivos, lleno de plaguicidas y fertilizantes, llega sin control al Mar Menor. Estos fertilizantes provocan una explosión de algas en las aguas de la laguna que compiten con los peces; capturan el oxígeno y provocan una degradación completa en cadena. En Doñana, la situación también es muy grave por el uso de las aguas del Guadalquivir”.

Finalmente, el caso de Tablas de Daimiel es el más claro ejemplo de la degradación. “Es el caso emblemático, es un Parque Nacional en la UCI”, denuncia De Miguel.

“Aunque se haya declarado como Parque Nacional, las Tablas de Daimiel son el rebosadero de un acuífero que ocupa miles de hectáreas. Pero al haber extraído tanta agua, el acuífero está a 200 metros por debajo y el agua no llega a la superficie”.

Humedales continúan en grave declive en España

Foto: Cortesía Rodelar

Fuente: National Geographic

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