La amenaza del permafrost siberiano. El Ártico se está calentando más rápido que cualquier otra región del planeta. Como resultado, cantidades crecientes de permafrost se están perdiendo por la erosión relacionada con el aumento de las temperaturas.

Unas mediciones en el río Lena revelan la alarmante escala de esa erosión. Cada año, unos 15 metros de las orillas del río se desmoronan. Y entre las consecuencias de ello destaca la contribución del carbono liberado al calentamiento global.

El permafrost, denominado también permahielo, es hielo mezclado con partículas minerales. Y forma una capa bajo la superficie, quedando lo bastante resguardada de los rayos del Sol. De allí que buena parte del material permanezca congelado de manera ininterrumpida durante miles de años.

Suele albergar bastante carbono que, al mantenerse congelado, está imposibilitado de regresar a la atmósfera. Sin embargo, si el permafrost se derrite, ese carbono queda libre. Y puede contribuir al calentamiento global. El dióxido de carbono (CO2) es un gas importante con efecto invernadero.

Se descongela el permafrost

Hoy, los suelos de permafrost en las costas árticas de Canadá, Rusia y Alaska, congelados durante miles de años, se están erosionando cada vez más. Esto debido a los efectos de las olas y las corrientes de los ríos. Especialmente porque la estación cálida allí es cada vez más larga.

El equipo de Matthias Fuchs, del Instituto Alfred Wegener (Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina) en la ciudad alemana de Bremerhaven, ha determinado que este deshielo ha adquirido ahora enormes proporciones.

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Al realizar un análisis detallado de imágenes históricas de Siberia captadas por satélites, Fuchs y sus colegas pudieron demostrar que la erosión del permafrost en el delta del Lena se ha intensificado desde la década de 1960.

Mientras que en esa década de 1960 el río, con una anchura de unos 1,7 kilómetros, roía un promedio de cinco metros de tierra por año, entre 2015 y 2018 ese número aumentó a casi 16 metros. En total, las riberas perdieron entre 322 y 679 metros desde 1965 a 2018.

Los investigadores centraron sus esfuerzos en un terreno especialmente problemático de 1,5 kilómetros de largo. Tal como destaca Fuchs, hay muy pocas regiones donde la pérdida de tierra sea tan sustancial como aquí.

En este terreno, el permafrost, que tiene unos 50.000 años de antigüedad y se formó durante la última era glacial. Tiene un 88 por ciento de hielo, mientras que el resto es principalmente turba, limo y arena. La turba resulta de la descomposición parcial de musgos y otros vegetales antiguos. Y contiene una gran cantidad de carbono y nitrógeno, almacenada en las plantas cuando estas vivían.

Carbono

Los autores del estudio recogieron muestras de ese terreno y luego analizaron su contenido de carbono en el laboratorio. Tal como subraya Fuchs, es asombroso que el terreno contenga tanto material orgánico, aunque esté predominantemente compuesto de hielo.

En promedio, Fuchs y sus colegas encontraron aproximadamente 26 kilogramos de carbono y dos kilogramos de nitrógeno por metro cúbico. Esto significa que entre 2015 y 2018, unas 15.000 toneladas de carbono cayeron al río Lena, donde fueron arrastradas por la corriente fluvial.

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El carbono es un nutriente importante para los microorganismos. Debido a la erosión y el deshielo del permafrost, los microorganismos pueden acceder a ese carbono. Y ello puede tener una serie de consecuencias.

Cuando los microbios descomponen el carbono, liberan dióxido de carbono, como hacemos los humanos cuando respiramos. Este proceso de pérdida del permafrost empeora el efecto invernadero al «movilizar» de nuevo el carbono que estaba previamente almacenado.

La amenaza del permafrost siberiano

Fuente: Noticias de la Ciencia

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