¿Las grandes obras de arquitectura tienen que ser divertidas?

¿Las grandes obras de arquitectura tienen que ser divertidas?

¿Las grandes obras de arquitectura tienen que ser divertidas? Habrá visto reproducida en forma impresa u on line, The Singing Butler, la pintura de Jack Vettriano de una elegante pareja bailando en la playa, protegida por sirvientes que llevan paraguas.

Es posible que también haya visto Coal Drops Yard, el centro comercial de King’s Cross, Londres, que está coronado por un par de techos que acercan como para un beso. Este último, en su fusión de romance y exclusión ocasionada por la lluvia, podría considerarse una realización arquitectónica del primero.

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La función sigue a la diversión

El diseñador de los techos que se besan es Thomas Heatherwick. Él es para la arquitectura lo que Vettriano es para el arte. O E.L. James para la literatura. O Katherine Jenkins para la música. Es decir alguien cuyo éxito y popularidad se miden de igual a igual con el escepticismo crítico profundo.

Puse a Bjarke Ingels en la misma compañía. El organizador de espectáculos de origen danés, que diseñó una sede similar a Lego para Lego y hace que los complejos de apartamentos parezcan cordilleras.

Su tono es más sabio e irónico que la maravilla de ojos grandes que Heatherwick presenta al público, pero su decisión principal es decir: esto es espectacular, esto es evidente, esto es memorable, y ¿por qué no?

En estos meses, cada uno está revelando su hito más sorprendente hasta la fecha.

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En Copenhague, pronto se inaugurará la tan esperada planta de energía de desperdicios Amager Bakke, diseñada por Ingels y su estudio BIG.

Es una estructura que combina una instalación pública respetuosa del medio ambiente con un parque de esquí que desciende en forma inclinada. “Oye, puedes ser bueno con el planeta y reírte. La función sigue a la diversión“, dice.

Diversión y medio ambiente. Amager Bakke, diseñada por BIG, es una planta que genera energía a partir de la basura, con una pista de esquí en el techo.

Diversión y medio ambiente. Amager Bakke, diseñada por BIG, es una planta que genera energía a partir de la basura, con una pista de esquí en el techo.

La ciudad como área de juegos

Mientras tanto, en Nueva York, la escultura pública de Heatherwick, The Vessel, de 150 metros de altura compuesta por varias escaleras, ofrece al público una forma diferente de trepar por la ciudad.

Al igual que la planta de energía, promete un placer infantil. La ciudad como área de juegos, el arte como estructura para escalar.

Que es similar al atractivo de Vettriano, Jenkins y James. Hablan directamente a las emociones simples y evitan a los guardianes habituales del gusto y el valor agregado.

Ayuda, sigue el relato, si sos autodidacta y, por lo tanto, evitas la ofuscación y la duda que inculcan las academias. Esto es verdad en Vettriano y James (la autora de 50 sombras de Grey).

También es una gran parte de la historia de Heatherwick, quien estudió diseño en lugar de arquitectura. Este background libera su visión, o lo hace inepto en cuestiones básicas de escala y uso, según el punto de vista.

Ingels y Heatherwick apuestan por un “liner”

Porque es cierto que la educación complica las cosas. Los arquitectos aprenden a preocuparse por temas como el contexto de un edificio, la relación de los detalles con el conjunto, o la apariencia con la estructura y la función.

En general, se les enseña a desconfiar de su primer concepto para un proyecto, para probarlo frente a múltiples consideraciones.

Si a un estudiante se le dice que su diseño es un “liner” (de una sola línea), que solo tiene una idea, eso no es bueno.

Ingels y Heatherwick bombardean estos escrúpulos. Ofrecen dos “liners”. Uno es una planta de energía y una pista de esquí. El otro es un jardín y un puente.

Parte de su truco es su aparente facilidad, el mito atractivo del dibujo de la servilleta que se convierte en un edificio.

Ingels no parece demasiado preocupado por la elegancia de sus detalles.

Heatherwick tiene la habilidad mágica de hacer que las restricciones presupuestarias, que a los arquitectos también se les enseña a respetar, desaparezcan. Él es capaz de atraer al tipo de cliente con los medios para pagar sin importar qué se va a construir.

Uno de ellos es Google, que ha contratado a Ingels y Heatherwick para diseñar oficinas centrales en Silicon Valley y Londres. Esta sobrecarga de ego y visión puede parecer una torta sobrecargada o un lirio dorado, pero es el tipo de cosa que puedes hacer si eres Google.

Arquitectura espectáculo. Render del futuro campus de Google en su Mountain View natal, diseñado por BIG & Heatherwick Studios.

Arquitectura espectáculo. Render del futuro campus de Google en su Mountain View natal, diseñado por BIG & Heatherwick Studios.

¿Las grandes obras de arquitectura tienen que ser divertidas?

Soy uno de esos críticos escépticos. Me encanta la idea de la pista/estación de esquí, pero debo convencerme de cómo funciona en la realidad.

The Vessel parece ser ofensivamente indiferente a los edificios y espacios que lo rodean.

Me pregunto qué tan lindo será realmente subir y bajar sus escaleras. Me gustan los matices, la complejidad, la multiplicidad y la profundidad, en arquitectura y otras formas de arte.

Me parece obvio y fundamental que las ciudades estén formadas por edificios que dialoguen entre sí, no por objetos autónomos.

También me opongo a la cultura que invierte poco en la dignidad y la belleza de sitios cotidianos (calles, escuelas) mientras gasta miles de millones para el espectáculo corporativo.

Sin embargo, los arquitectos más reflexivos y los críticos que los apoyan, tienen que reconocer que Heatherwick e Ingels presentan un desafío.

Hay poder y atracción reales en esas construcciones excesivas. Apelan a un deseo que las personas sienten frente a su entorno: quieren que las atrape y las excite.

Pero el logro realmente impresionante sería responder a ese deseo con estructuras que tienen más de una, o incluso dos, cosas que decir.

¿Las grandes obras de arquitectura tienen que ser divertidas?

Análisis de Rowan Moore

Fuente: Clarín – Argentina

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