Propuestas extremas para salvar al planeta

Propuestas extremas para salvar al planeta

Propuestas extremas para salvar al planetaEspejos espaciales que reenvían los rayos del Sol. Aspiración del CO2 de la atmósfera. Varios escenarios de geoingeniería están bajo estudio para limitar el calentamiento global.

Estas técnicas de manipulación del clima, descartadas durante mucho tiempo por los riesgos que implican, están centrando cada vez más el debate. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se mantiene como la acción prioritaria, pero el retraso es tal que para un gran número de investigadores, esto no bastará para proteger el planeta de un calentamiento devastador.

Controlar los rayos del Sol

El objetivo es simple: reenviar algunos rayos al espacio para disminuir el calor que nos llega del Sol.

Una posibilidad sería poner en órbita espejos gigantes capaces de desviar una parte de la radiación solar.

Otro método, que se basa en el impacto de las cenizas volcánicas sobre la temperatura mundial, es inyectar minúsculas partículas reflectoras en la estratosfera.

Investigadores persiguen cambios en las nubes, modifican su blancura para reenviar los rayos o bien adelgazan los cirros que absorben más calor del que reenvían.

El problema de todas estas técnicas es que no cambiarían en nada las concentraciones de CO2 en la atmósfera. Dichas emisiones, además de hacer subir la temperatura, acidifican peligrosamente los océanos y modifican el régimen de lluvias.

Los científicos advierten también contra un “choque terminal”: un calentamiento repentino si el sistema dejara de funcionar.

Fertilizar el océano

Varias plantas oceánicas microscópicas – el fitoplancton – atrapan el CO2, llevándolo al fondo del océano al morir.

Su expansión es limitada por una falta de hierro, pero varios experimentos mostraron que introduciendo polvo de sulfato de hierro en el mar se podrían crear nuevas colonias.

No obstante los investigadores anticipan reveses. Por ejemplo, una fuerte mortalidad de plancton agotaría el oxígeno, generando masivas zonas sin vida.

Aumentar la erosión

La erosión natural de las rocas es un proceso químico que permite el bombeo de CO2 en la atmósfera (alrededor de 1.000 millones de toneladas anuales, es decir, 2% de las emisiones de origen humano).

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¿Y si se pudiera intensificar el proceso, sobre todo dispersando en la naturaleza olivino en polvo, una forma de silicato?

El problema es que parece difícil y oneroso extraer olivino en cantidades suficientes.

Recurrir al carbón vegetal

El “biochar” o carbón vegetal se produce a partir de restos de madera, residuos forestales y cáscaras de nueces. Utilizado para restaurar las tierras, puede además absorber CO2.

Pero no es seguro que se pueda aplicar esta técnica a gran escala y que este compuesto sea suficientemente estable.

Desarrollar los “BECCS”

Los BECCS (Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono) alían un proceso natural con otro de alta tecnología.

Primero se planta maíz, caña de azúcar y todo tipo de plantas de biocarburantes de segunda generación. Al crecer, absorben CO2.

Luego se captura el CO2 cuando estas plantas se transforman en energía. El resultado neto es un “balance carbono negativo”, lo que los investigadores llaman “emisiones negativas”.

Casi todos los modelos climáticos que prevén un calentamiento limitado de 2ºC – objetivo fijado por la comunidad internacional -, confían en un papel clave de los BECCS.

Pero según los estudios, habría que consagrar 40% de las tierras arables a los biocarburantes.

Capturar directamente el C02

Varios experimentos mostraron que es posible aspirar CO2 para transformarlo en granulados o almacenarlo bajo tierra.

Una empresa canadiense, apoyada por Bill Gates, lanzó en 2015 una fábrica piloto. Pero por ahora, esta tecnología tiene un coste prohibitivo.

Plantar bosques masivamente

La concentración de CO2 en la atmósfera decaería considerablemente con esta técnica, mientras que actualmente, millones de hectáreas de bosques tropicales continúan desapareciendo cada año.

Sin embargo, estos nuevos árboles acapararían las tierras de uso agrícola.

Invierno nuclear

Todos estamos atemorizados por el perceptible y constante alza en las temperaturas globales.

Vemos que el récord de mes más caluroso del registro histórico se bate prácticamente cada año de forma consecutiva.

Muchos científicos se afanan en buscar posibles soluciones que enfríen el planeta unos pocos grados.

Hay un método infalible para que la temperatura descienda hasta 9 grados casi instantáneamente.

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Esto es posible con una tecnología que ya existe, no haría falta inversiones millonarias en I+D. Pero poniéndola en práctica haríamos pasar al planeta por un invierno que extendería su reinado durante varios años.

¿Por qué no aplicar esa solución entonces? Porque nadie en su sano juicio querría enfriar el planeta a un coste tan tremendo. La probable extinción de la humanidad y de casi todas las especies animales a causa de un invierno nuclear.

Todo se desmoronaría como fichas de dominó

Quienes vivieron la Guerra Fría están familiarizados con este concepto que sobrevendría si las dos potencias nucleares entrasen en guerra haciendo uso de sus enormes arsenales nucleares.

Tras la explosión de todas las bombas se levantaría una enorme nube de polvo que, suspendidas sobre la atmósfera durante meses, ocultaría por completo la visión del sol sumiendo a la superficie del planeta en la oscuridad.

Las plantas serían las primeras en morir, al ser incapaces de realizar la fotosíntesis. Tras ellas toda la cadena trófica que hubiera tenido la fortuna de sobrevivir a las explosiones y a la radiación. Se desmoronaría como fichas de dominó puestas en hilera.

Este viejo modelo climático derivado de un conflicto nuclear a escala global sale a la palestra por lo siguiente.

Un equipo de investigadores de la Universidad Rutgers, del Centro Nacional para Investigación Atmosférica de los EE.UU y de la Universidad de Colorado, realizó un estudio que confirma que una guerra nuclear entre Rusia y los Estados Unidos daría como resultado un invierno nuclear.

Las precipitaciones se reducirían en 30%

El análisis se centró en el peor de los escenarios. Aquel en que ambos bandos emplean todas las bombas de su arsenal, es decir el de la guerra total. Además, los investigadores asumieron que todas y cada una de las bombas alcanzarían su blanco.

Tras realizar los cálculos con el nuevo modelo diseñado, se compararon los resultados con otros llevados a cabo en 2007 por el Instituto Goddard para el Estudio del Espacio.

¿El resultado? En ambos modelos el invierno nuclear sobrevendría, reduciendo la temperatura global en 9 grados durante varios años. Además, las precipitaciones se reducirían en un 30% durante los primeros meses que siguieran a la guerra.

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¿Se extinguiría la humanidad?

También aparecieron algunas diferencias entre los modelos, por ejemplo el de 2007 predecía el colapso de la estación de los monzones y cambios muy notables en el fenómeno climático que llamamos El Niño.

Mientras que el nuevo modelo predice que la cubierta global de humo duraría más tiempo que lo que decía el anterior.

En ambos casos el humo comenzaría en los lugares en los que los artefactos nucleares explosionaban. Y se iría extendiendo poco a poco por todo el hemisferio norte hasta, finalmente, llegar también al hemisferio austral.

¿Se extinguiría la humanidad? Ninguno de los modelos mencionados trató este asunto.

Y aunque durante la década de los 80 esto se daba por supuesto, lo visto en la zona de exclusión de Chernobyl sugiere que tal vez podría haber bolsas de habitabilidad, y por tanto supervivientes.

Sea como sea es mejor que la respuesta no llegue a saberse jamás, y que encontremos otra forma de enfriar el planeta que no involucre la llegada de un invierno nuclear.

Propuestas extremas para salvar al planeta

Fuentes: El Comercio – Perú y Yahoo Noticias

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