Richard Casanova: “Desde cualquier lugar es posible construir país”

Richard Casanova: “Desde cualquier lugar es posible construir país”

Convencido de que “desde cualquier punto es posible construir país”, Richard Casanova está al frente de una revista digital concebida como herramienta para articular esfuerzos que institucional o individualmente llevan a cabo en ese sentido los venezolanos que se han quedado aquí.   A propósito, compartimos con nuestros lectores este entrevista realizada por la periodista Maritza Jiménez, de la Sección Cultural del Diario El Universal,

Descargue GRATIS nuestra revista digital “Gente que Construye” AQUÍ

Hablamos de la revista digital Gente que Construye, una publicación de la Fundación Construyen País y el respaldo del Colegio de Ingenieros de Venezuela, que el pasado mes de marzo alcanzó su primer año de actividades distribuyéndose vía e-mail a más de 120 mil lectores y que puede descargarse gratuitamente desde el portal de noticias ConstruyenPais.com.

Su director es el arquitecto Gustavo Varela y en su consejo editorial cuenta con profesionales como Carlos Gómez de Llarena, Josefina Baldó, Adriana D’Elia, Oscar Olinto Camacho, José María de Viana y Andrés Sosa Branger.

Colegio de Ingenieros y Cámara de la Construcción articulan esfuerzos

De izquierda a derecha; Arq, Gustavo Varela, Ing Juan Andrés Sosa Branger y Arq. Richard Casanova Salama

“La revista no es una iniciativa aislada”, afirma Richard Casanova, “sino un componente de un proyecto más ambicioso, un engranaje dentro de una plataforma comunicacional que iniciamos con el portal de noticias construyenpais.com, el único medio que busca integrar temas de arquitectura, ingeniería y urbanismo en torno a una visión participativa e integradora, con sostenibilidad y con una estrecha relación con la realidad social del país”.

Fue creada en 2019, dos años después de la Fundación Construyen País, como “un espacio en la web para promover una visión positiva de Venezuela, abordar los problemas fundamentales y difundir las soluciones que se promueven desde diversos sectores de la sociedad, tales como gremios profesionales y empresariales, universidades, centros de pensamiento y organizaciones no gubernamentales, entre otras”.

También les interesa difundir –dice– temas gerenciales y nuevas tecnologías, así como experiencias exitosas de gestión, emprendimiento y responsabilidad social empresarial.

-¿Cómo se distribuye?

-Puede descargarse gratuitamente desde nuestro portal de noticias construyenpais.com y adicionalmente es enviada a más de 120 mil agremiados desde el Centro de Procesamiento de Datos del CIV. También la Asociación de Egresados de la Universidad Simón Bolívar nos apoya distribuyéndola entre sus miembros. Igualmente agradecemos a varios medios de comunicación que cada mes nos promocionan.

CIV - Colegio de ingenieros

-¿Está dirigida a un público específico?

-Aunque nuestro mayor público son los ingenieros, arquitectos, urbanistas, líderes gremiales, gerentes y emprendedores, no se trata de una revista técnica o científica. Intentamos que la información sea accesible a todo público y resulte de interés para el ciudadano común. Para nosotros, desde cualquier espacio es posible construir país, todos podemos ser gente que construye, y por eso en cada edición se incluye algún trabajo relacionado con temas distintos a los propios del sector, como entrevistas a economistas, artistas plásticos, deportistas, músicos, historiadores y, en general, gente del sector cultura.

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Agrega que en Venezuela “hay sectores tienen mucho que aportar y no cuentan con canales para expresarse. Otras veces sus aportes no encuentran un espacio de conexión con otras esferas de la sociedad. Pongamos un ejemplo, el Colegio de Ingenieros de Venezuela es una institución respetada, con mucha credibilidad y donde se generan propuestas que tienen que ver con Infraestructura, servicios públicos, desarrollo urbano y vivienda, agricultura, industria, petróleo, y muchos otros temas vitales para el desarrollo nacional. Lo mismo sucede con las universidades y centros de investigación”.

“Sin embargo -continúa-, la desconexión entre ellos y con la sociedad hace que ese inmenso potencial se diluya. La posibilidad de que el conocimiento fluya es ya un punto a favor, pero si además construimos canales para que se produzca un intercambio constructivo entre los gremios profesionales y las universidades; entre éstos y el sector empresarial o las comunidades organizadas, entonces será posible optimizar los procesos y avanzar a la velocidad que la realidad exige”.

-Si no podemos articular esfuerzos con una visión constructiva, facilitar el flujo de información y generar espacios de interacción, entonces será mucho más difícil revertir la actual crisis y poner a Venezuela en sintonía con la dinámica mundial de crecimiento. Es decir, cada día se ampliará la brecha entre nosotros y el primer mundo.

De la política a la salsa

Pero si Venezuela es su primera pasión, Richard Casanova comparte con ella la de la política, concebida “como un servicio público”, el dominó, la poesía, y, sobre todo, la salsa, campo en el que se inició desde su infancia, bajo la tutela de un maestro muy singular.

Arquitecto egresado de la Universidad Simón Bolívar, donde también realizó estudios de Postgrado en Ciencias Políticas, Richard Casanova es además especialista en Planificación Estratégica y egresado del postgrado de Gobernabilidad y Gerencia Política de la George Washington University (EEUU) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Con más de 20 años como dirigente gremial, actualmente es el primer vicepresidente de la Asamblea Nacional de Representantes del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) y presidente de su Comisión de Desarrollo Urbano y Vivienda. Además, ha ejercido diversas responsabilidades en el ámbito público a nivel municipal, regional y nacional. Entre otras, Diputado Principal al Congreso de la República y miembro del Comité Político Nacional de Primero Justicia.

Pero, como ha declarado insistentemente, “la política sólo puede entenderse como servicio público, y como tal brinda inmensas satisfacciones y es tan apasionante como la arquitectura o la poesía”.

-De hecho, además de editor y articulista en diversos medios, usted cultiva el ejercicio literario. ¿Ha publicado su poesía?

-No, nunca. Y aún no sé si la publique, pues escribo básicamente para mí. Pero sí estoy trabajando en un libro que empezó como un cuento muy breve, en el que pensé incluir algunas anécdotas y quizás algunos poemas. Pero el cuento se extendió más de lo previsto y ya va siendo una novela.

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Adelanta que llevaría por título La misteriosa historia de un pueblo perdido, y transcurre en la segunda mitad del siglo XIX, en un pueblo imaginario, a pocas horas de la capital, lleno de misterio y superstición. Sin embargo, en medio de una peculiar historia de amor, son los sucesos ocurridos en los tiempos del relato, lo que haría posible el surgimiento de un mito y de una tradición que aún muchos conservan, después de un siglo.

Aunque no quiere adelantar más por ahora, dice que es una tarea que estaría lista en un par de meses.

-Lo que sí creo que puedo compartir es algo de mi afición musical, y un día de estos contaré sobre La Tribu, una modesta agrupación salsera que organizamos en la universidad, después que Orlando Poleo y Alberto Borregales, para la fecha unos muchachos y hoy músicos de postín, ofrecieron un taller de percusión latina en la USB a principio de los años 80.

Será en un libro de anécdotas, del que por ahora comparte una de ellas:

MI ENCUENTRO CON LA SALSA

“Cuando era muchacho escuchaba la música que le gustaba a mis primos y sus amigos, todos mayores que yo. Eran tiempos del rock y lo que algunos llamaban ‘música moderna’. Pero algo cambió mis preferencias y sembró la semilla de la música caribeña en mi corazón adolescente.

“Durante 5º y 6º grados de educación primaria, vivía yo en San Martín y estudiaba en Catia. Iba y venía todos los días en un transporte escolar que era conducido por un joven melómano que vivía en Antímano. Por lógica de la ruta, yo era el primer niño que se montaba en la camioneta y el último en bajarse. Naturalmente, siempre me sentaba adelante, era el copiloto, la más cercana compañía del conductor.

“En el recorrido de una hora en la mañana y otra en la tarde, lo único que escuchaba era la música que le gustaba al chofer, quien además era músico y cantaba en sitios nocturnos de Caracas y en algunas fiestas que contrataban a su pequeña agrupación. Años después confirmé que efectivamente era un gran cantante…

“El joven conductor era un tercio muy simpático y conversador. Hubo un tiempo en que le preguntaba si no le gustaban los Beatles, los Rolling Stones, etc. Y siempre me decía ‘claro que sí, pero oye esto… esa es Celia Cruz’. Y mientras le daba golpecitos al volante simulando la percusión latina, me comentaba algo de cada tema y sus intérpretes. Aunque a veces comentaba algo de béisbol, todo el tiempo hablaba de las orquestas y los cantantes. Por supuesto, dejé de preguntarle por otra música, asumí que era inútil insistir. Y cuando me di cuenta, yo estaba disfrutando la suya.

“De manera que mi 5º y 6º grados fueron también un período de aprendizaje con clases de dos horas diarias sobre nuestra música latina. Para aquel momento, ni siquiera Phidias Danilo Escalona -el recordado locutor venezolano- había acuñado el término ‘Salsa’, que hoy identifica internacionalmente a nuestra música caribeña.

“Al terminar la primaria, no vi más a aquel improvisado maestro de salsa, hasta cuatro años más tarde. Fue cuando -para mi orgullo- supe que aquel chofer de mi transporte escolar tenía su propia orquesta y presentaba al país su primera producción discográfica.

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“Ya Oscar Emilio León Simoza no tocaba el volante de aquella camioneta, sino que se encaramaba con éxito en los escenarios más importantes del país e iniciaba su meteórica carrera musical. Ahora era conocido como Oscar D’ León y aquel primer disco de la Dimensión Latina se convirtió en un éxito descomunal que lo catapultó más allá de nuestras fronteras, convirtiéndolo al poco tiempo en uno de los grandes de la salsa. A la par de las estrellas que comenzaban a sonar duro en Nueva York y Puerto Rico.

“Mi madre siempre recuerda cuando accedió a una solicitud mía para que le adelantara un mes del transporte a Oscar, pues tenía una presentación en una cervecería en El Silencio y necesitaba comprarse unos zapatos blancos. Ese episodio es para ella -y para mí- un grato recuerdo. Creo que a mi madre le gusta creer que en algo apoyó la incipiente carrera musical de ese muchacho que terminó siendo el Sonero del Mundo, nada más y nada menos.

“Quizás ahora mis amigos puedan entender por qué la salsa es una de mis pasiones”.

Diario El Universal 

Maritza Jiménez // @weykapu

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