Tecnología subcutánea: retos de los microchips implantables. Móviles en la palma de nuestras manos; relojes inteligentes en nuestras muñecas; auriculares a medida que avanza. La tecnología va estrechando un vínculo cada vez más íntimo con el cuerpo humano.

El siguiente paso parece ser la implantación de microchips subcutáneos, refiere el portal BBVA OpenMind.

¿Qué es un microchip implantable?

En términos generales es un dispositivo de circuito integrado de identificación (transpondedores de identificación por radiofrecuencia); encapsulado en un receptáculo de vidrio de silicato, apto para su inserción en el cuerpo humano.

Estos implantes hipodérmicos suelen llevar almacenado un código de identificación único vinculado a determinado tipo de información; por ejemplo, datos de identificación personal; antecedentes penales; historial médico; medicamentos; alergias; o información de contacto almacenada en una base de datos externa.

En Suecia, ya son miles de personas las que portan microchips implantados en sus manos, que les permite agilizar tareas diarias. Sólo deben acerca la mano a un lector digital y este facilitará el acceso a hogares, oficinas y gimnasios.

Pero también pueden utilizarse para almacenar información sobre contactos en caso de emergencia; perfiles de redes sociales; entradas electrónicas y billetes de tren.

Difíciles de hackear

Los partidarios de los chips implantables aseguran que son seguros y muy difíciles de hackear. No obstante, para algunos científicos su uso plantea dudas en materia de privacidad, por el tipo de datos personales que estos dispositivos son capaces de almacenar.

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De tamaño similar al de un grano de arroz, se insertan normalmente en torno a la base del pulgar; utilizando una jeringuilla parecida a la que se usa para administrar vacunas.

Sin embargo, también plantean dudas en materia de seguridad que va mucho más allá de las suscitadas por el uso de cámaras en lugares públicos; el reconocimiento facial; o el almacenamiento de datos sobre nuestra ubicación, hábitos de conducción o historiales de gastos.

Añade a esto una nueva dimensión al debate en torno a la titularidad de los datos personales; lo cual supone un gran obstáculo para la adopción de esta tecnología.

Dispositivos conectados en constante expansión

Para entender el contexto en el que se enmarcan los chips implantables, conviene entender el concepto del Internet de las cosas o IoT; un universo de dispositivos conectados en constante expansión.

Se calcula que a finales de 2020 existían más de 30 mil millones de dispositivos conectados; cifra que para 2025 rondará los 75 mil millones.

Y su aceptación y adopción generalizadas depende de su capacidad para superar tres retos: 1) el tecnológico; 2) el empresarial; y 3) el social.

Reto tecnológico

En cuanto al primer reto, la tecnología mejora día a día, con chips cada vez más pequeños e inteligentes.

En el mundo del IoT, los chips formarían parte del primero de los cuatro elementos que componen cualquier sistema estándar de IoT: 1) sensores; 2) redes; 3) la nube; y 4) aplicaciones.

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Por lo tanto, los chips serían sensores directamente conectados a nuestras manos, corazones, cerebros o cualquier otra parte del cuerpo en el que se implanten.

Se trata de un nuevo avance que va a cambiar radicalmente el concepto de biohacking (ampliación de las capacidades humanas mediante el uso de tecnologías y otros avances).

La protección de infraestructuras críticas o la mitigación de riesgos de seguridad con potencial para causar daños económicos o humanos a gran escala, siguen siendo temas de máxima prioridad para los expertos en ciberseguridad.

Los chips implantados añaden una nueva dimensión a los riesgos y amenazas derivados del hackeo de los sensores; considerados generalmente como el eslabón más débil en los sistemas de IoT.

Reto empresarial

El segundo desafío es el negocio. Son muchas las empresas que desarrollan su actividad en este campo para aprovechar las oportunidades que plantea la posibilidad de reemplazar sistemas de identificación en tiendas, oficinas, aeropuertos, hospitales.

Además, en el futuro irán surgiendo chips capaces de registrar datos clave sobre el estado físico y la salud; para su posterior procesamiento en la nube y tratamiento con diversos fines empresariales; desarrollo de nuevos tratamientos y mejores servicios.

Estas nuevas capacidades abrirán un abanico de oportunidades para multitud de empresas y actores, tanto del sector público como del privado.

Reto social

Finalmente el tercer desafío es el social. En la actualidad tratamos de comprender en su totalidad las consecuencias, a nivel de privacidad y seguridad, de avances tecnológicos.

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Entre ellos el internet de las cosas o el big data; los robos de datos en el sector público y privado; la información que compartimos en redes sociales; o de la nueva directiva europea sobre protección de datos (GDPR); la nueva ley de protección de datos de California (CCPA); y los debates sobre la titularidad de los datos y el “derecho al olvido”.

La llegada de esta nueva generación de tecnologías con capacidad para interactuar a una escala mucho más íntima con el ser humano, plantea nuevos riesgos y amenazas.

Se trata de un reto de doble vertiente. Por un lado, existe la posibilidad de que normas gubernamentales, como la directiva GDPR en la UE y otras recientemente aprobadas en EE.UU prohíban el uso obligado del chip. Por otro, afecta la confianza del consumidor, asentada sobre tres pilares: la seguridad, la protección y la privacidad.

Tecnología subcutánea: retos de los microchips implantables

Fuente: BBVA OpenMind

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