Tratado mundial de los océanos y América Latina

Tratado mundial de los océanos y América Latina. Años de negociaciones fueron necesarios para reconocer la importancia de la altamar, tanto para la naturaleza como para la humanidad.

«El Tratado mundial de los océanos es la culminación de una discusión que se ha prolongado por más de 20 años; sobre cómo se va a normar la protección en altamar. Es decir, fuera de las 200 millas náuticas que cada país tiene como zona económica exclusiva». Así lo recuerda a DW Liesbeth van der Meer, directora de la ONG Oceana, en Chile.

Para Yacqueline Montecinos, coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile; los desacuerdos, la falta de voluntad de algunos países, la falta de visión de otros y de interés en tener una modalidad de gobernanza pesquera son algunos motivos de semejante retraso. A ello se le suma que, hasta la fecha, «existe muy poca regulación en esta materia», agrega la directiva de Oceana Chile.

Conservar la mitad del planeta

En tanto para Maximiliano Bello, asesor ejecutivo de Políticas Públicas del Océano de la organización Mission Blue; «este tratado amalgama todas esas partes que están sueltas en las Naciones Unidas. Y nos ayuda a tener una carta magna para seguir avanzando y poder mantener, sustentar y conservar la mitad del planeta».

El acuerdo refuerza el adoptado en Montreal en diciembre pasado, en el marco de la COP15 sobre biodiversidad. Este contempla «la meta de proteger el 30% del océano para 2030, logro que podría cumplirse si se avanza de manera efectiva y los países ratifican este tratado»; apunta Van der Meer.

América Latina, ¿a la cabeza?

Bello confía en que los países de la región den el primer paso. «América Latina tiene mucho interés en las áreas marinas protegidas y en seguir avanzando», puntualiza.

Y es que a pesar de que «hay países que necesitan aumentar urgentemente su porcentaje de superficie protegida; en Latinoamérica contamos con varios países que hoy son líderes en conservación marina en el mundo».

Al respecto Montecinos apunta al trabajo colaborativo que se lleva a cabo en el marco de la Coalición de las Américas por la Protección del Océano.

Por este motivo, «existen altas expectativas de que los países de nuestra región no tendrán ningún problema en ratificar este tratado», adelanta.

Chile adelante

Precisamente, uno de los países líderes regionales es Chile, que ve cómo se abren nuevas oportunidades de conservación marina.

«Un ejemplo es la cordillera de Nazca, por donde transitan especies como tiburones, atunes, jureles, entre muchas otras. Y que resguarda una gran biodiversidad», explica la directora de Oceana Chile. Para ella, esta cordillera submarina, que se extiende desde Rapa Nui hasta llegar a Perú; es «uno de los proyectos más interesantes de protección en altamar».

Intereses pesqueros en alta mar

Además de la creación de zonas marinas protegidas en altamar, el tratado crea «un marco donde podemos exigir ciertos estudios de impacto ambiental; y donde cuidar los recursos genéticos que nos pertenecen a la humanidad entera», detalla Bello.

Igualmente, hace posible «establecer medidas de manejo pesquero que nos permitan frenar la sobreexplotación de los recursos», agrega Montecinos.

Se trata de un tema clave para la región, que ha sufrido la presencia de flotas extranjeras en las proximidades de sus aguas jurisdiccionales.

«Muchos recursos pesqueros de importancia económica se mueven y no conocen de fronteras o los límites de las 200 millas náuticas»; recuerda la coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile.

Pese al avance que representa el tratado, «parte de la discusión de la pesquería quedó fuera y eso es preocupante», apunta Bello. No obstante, ante la problemática que plantean los subsidios de pesca, el experto confía en que, ahora, «tenemos la herramienta para proteger áreas importantes contra la destrucción de la pesca industrial».

Tratado mundial de los océanos y América Latina

Foto: Cortesía

Fuente: DW